¿Qué sabe un chileno sobre México?, un colombiano, un ecuatoriano, un venezolano, cualquier extranjero… ¿Qué nos pueden enseñar sobre nuestro país? Basta con andar un día en las calles de la ciudad con alguien de otra nacionalidad para darnos cuenta de que ellos son capaces de guiarnos y mostrarnos cosas que nunca imaginamos. Nosotros, ingenuos, creemos que tenemos dominadas a la perfección las callejuelas escondidas y no nos preocupamos de conocer un poco más, de ahondar en cada sitio que, según pensamos, no vale la pena o simplemente consideramos podremos volver a él en cualquier otro momento.

Mientras que ellos, asombrados con lo que denominarían como “novedades”, no pueden dejar de admirar cada rincón desconocido e inhóspito de un país rico en tradiciones y costumbres. Ahora, considera nuevamente, ¿qué nos puede enseñar un extranjero de nuestro país?

Probablemente si no has leído Los detectives salvajes, aún crees que las más grandiosas palabras de barrio son “Nelson”, “a Wilson”, “milanesas” o “bisteces”; mismas que se conocen en toda la Ciudad de México y que hemos dicho alguna vez en nuestra vida. Sin embargo, Roberto Bolaño, escritor chileno, nos enseña muchas más en su libro.

Después de conocer la vida de Arturo Belano y Ulises Lima, el lector audaz que se atrevió a recorrer más de 550 páginas de Los detectives salvajes vuelve a la historia de García Madero, aquel joven poeta que en busca de convertirse en un real visceralista, acompaña a Belano y Lima al norte del país para buscar a Cesárea Tinajero, la mujer que empezó el movimiento mucho antes que ellos.
Montados en un Impala blanco, Lupe, una prostituta que huye de su proxeneta; García Madero, el joven aventurero embelesado por las historias de los real visceralistas; Arturo y Ulises, comienzan a charlar sobre poesía. Palabras rimbombantes como “asclepiadeo”, “epanalepsis”, “catacresis” o “ictus” son recitadas por García Madero para hacer del viaje un examen de poesía y provocar que el resto de los pasajeros olviden que detrás de ellos vienen siguiéndolos unos matones dispuestos a acabar con cualquiera y llevar a Lupe nuevamente a los rincones más lamentables de la prostitución.
Los otros tres pasajeros del Impala blanco entienden casi nada de lo que habla García Madero, y Lupe, harta de tener que escuchar términos de poesía que poco le servirán, comienza la lucha de barrio contra poesía; de lo cotidiano contra lo elevado. Si no conoces ninguna de las palabras del párrafo anterior, ¿te atreves a decir que conoces mejor los modismos de Lupe?
Manicure – manicomio
Dar cuello – cuando eliminan a alguien
Prix – toque de marihuana

Dar caña – eliminar a alguien o tener sexo con alguien
Dar labiada – dar una oportunidad
Jincho – indio

La grandiosa – la cárcel
Lurias – loco
Javier – la policía

La macha chaca – la marihuana
Muy Carranza – viejo
Guacho de orégano – reloj de oro
Rufo – carro

Coprero – alguien que inhala cocaína
Echar pira – una violación múltiple
Entrar a la rifa – meterse en un problema o una amenaza

¿Ni una ni otra?
Estas palabras son sólo un pequeño fragmento del libro de Roberto Bolaño. Su novela ha sido comparada con otras sumamente populares como Rayuela de Cortázar o Paradiso de José Lezama. Escrita siempre en primera persona, con testimonios de diversos personajes en todas partes del mundo, Bolaño logra hacer un retrato audaz de sus dos personajes principales: Ulises Lima y Arturo Belano, mientras nos muestra cómo se hace un libro con múltiples ejes que cobran sentido al final.
Cada testimonio, cada nombre (entre los que destacan los famosísimos Octavio Paz y Carlos Monsiváis) y fecha es indispensable para comprender quiénes son los detectives salvajes y la importancia de ser un perdedor en la poesía dispuesto a nunca soltar sus convicciones.
