
Veo los oleajes bravíos de tu mirada,
los veo balanceándose entre mis manos.
La cascada de tu cabello al lienzo de tu rostro,
de tu carisma que brilla por sí solo.
Inocuas tus caricias, tibios tragos de noches
que suspiran
y te miran,
y te guardan en su manto de estelas.
Te miro y me salvo de cualquier mal,
en tu pecho suspiro y me echo a los lobos,
regreso seguro de tu mano,
de tus caderas en que caigo,
del color tornasol de tus ojos
y del infinito de tus besos.

Contigo quiero estar, con cánticos inadvertidos
y los buenos días que terminaban en una caricia
de tus labios a mi mejilla.
Con tus manos pequeñas y el cabello laberinto
de tus chinos.
Tu amor, amor hirviendo. Sangre compartida,
un hijo en el porvenir
y la mitad tuya y mía sonriendo
mientras aprende a caminar.
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A veces una voz interior quiere gritar Enamórate de mí de frente a esos ojos que te hacen suspirar.
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Las fotografías que acompañan el texto pertenecen a Rob Woodcox, conoce más sobre su trabajo en su cuenta de Instagram.
