Lo que soy

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Un aliento sabor a vino rompe con el frío de la madrugada y, mientras pronuncio mi nombre, delimita la forma de mi figura frente al espejo.

Mis manos, casi instantáneamente, comienzan un viaje íntimo a esta retorcida, pasional y un poco obsesiva mujer.

Son primero mis muslos y estos me llevan directamente a mis caderas, en las que me detengo a escuchar su ritmo, su contoneo; a sentir las curvas en movimiento, tan naturalmente desnuda, viviendo al ritmo de estas creadoras de vida.

Un poco más arriba, no puedo evitar tocar mi cintura y abrazarme a ella como un niño que abraza a su madre, los poros de la piel se me inundan de recuerdos de esa maldita soledad, del frío de las noches en las que aprendí que en este viaje la única que me acompaña soy yo, mi alma y esta loca obsesión por las palabras. Mi favorita es púrpura y en ese instante, mientras disfruto de las tres sílabas, mis manos como aves vuelan tranquilamente hasta mis pechos, ni tan grandes ni tan pequeños, simplemente perfectos. Representaciones de feminidad y llenos de sexualidad.

Así continuo hasta llegar a mi boca, donde mi esencia, como brisa de mar, me envuelve y beso mis labios para reconocer mi sabor, me muerdo el alma para sentirla toda, hasta lo más profundo.

Y es entonces ahí, entre mis pensamientos enredados, traspasando mis miedos, volando con mis sueños y aferrándome a las adicciones que me queman hasta el insomnio, que comienzo a reconocerme en el espejo, soy las palabras que escribo, las curvas de las letras que se forman sobre el papel, las pausas, los puntos suspensivos y los finales de esta historia.

Estoy arriba y estoy abajo, escucho mis gritos de desesperación pero también pruebo mis lágrimas saladas de alegría, esas llenas de amor, amor verdadero, ese que se da únicamente por uno mismo.

Un amor que me reta a jugar con mis límites para cambiarlos, quitarlos, reinventarlos y entonces volver a encontrarme.

Un amor que me incita a pintar mis ideas con plumones permanentes entre las conexiones de mis neuronas y esta retorcida sociedad para nunca olvidarme de quién soy, dejar a un lado aquello que me fastidia, me angustia y me atormenta.

Y así poco a poco, cuando analizo los rasgos de mi rostro, los rincones de mi cuerpo y las manías de mi alma me encuentro musa y artista, vulnerable y guerrera, loca y cuerda, celosa y comprensiva … de quien soy.

Mientras fantaseo veo como soy en realidad.

Soy esa adolescente que ha pasado de jugar a ser adulta, a convertirse en una mujer que busca encontrarse en un corazón amante de las letras.

Y es que yo no quiero morirme sin antes encontrarme.

No quiero morirme sin antes saber quien soy.

Y creo que tú, tampoco deberías hacerlo.

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