México es un país de contrastes, aquí se encuentran tantos tintes de cultura como uno quiera buscar, pues la gente, las costumbres y su tremenda diversidad han hecho del territorio un rompecabezas de rostros y lugares, creando mosaicos absolutos de lo auténtico. Asimismo, dentro de su gente, se distinguen dos grupos que por excelencia son parte de toda sociedad: hombres y mujeres, esto destaca porque a pesar de que México se consideró la cuna de la democracia en América Latina, las condiciones iguales entre sexos aún se ven lejanas en la vida social.
Nacer mujer en México es sinónimo de lo endeble, ya que representa una gama de condiciones contra las que todos los días se debe luchar, desde limitarse al trabajo doméstico hasta la inseguridad y la violencia que se sufre por ser mujer. Es por eso que en uno de los barrios más genuinos pero hostiles de la Ciudad de México, las mujeres han aprendido a ser cabronas.
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Nos referimos al barrio de Tepito, el lugar bravo que se caracteriza por sus raíces de rebeldía y lucha, pues su pasado se remonta a ser una pequeña zona de comercio ilícito. Así, Tepito es el lugar donde se vende lo invendible, rodeado de gente honrada y trabajadora, pero también donde se crece a chingazados, entre tianguis abarrotados y operativos policiales.
En Tepito, “los hombres, por supuesto, siguen llevando los pantalones, pero a la tintorería”, menciona Alfonso Hernández, director del Centro de Estudios Tepiteños. Esta afirmación, revive de manera precisa la postura que la mujer ha tomado en Tepito, pues ser cabrona no tiene una connotación ofensiva, sino que es más bien un festejo a toda mujer que se atreva a luchar contra la adversidad, el patriarcado, los abusos de poder, y los cánones sociales ya establecidos de cómo ser mujer. En Tepito, lo femenino no tiende a las faldas y al maquillaje, sino que significa la capacidad que tienen las mujeres de alzar la voz, ser opositoras y enfrentarse a las injusticias que el sistema comete hacia su sexo, género y territorio.
Por todo lo previo, en el año 2009 la artista catalana, Mireia Sallarès, desarrolló un proyecto en el que se adentró en el barrio para ser testigo de la historia de las mujeres, su rol y estatus social. Con esto, Sallarès consiguió formar estrechos vínculos a través de una serie de conversaciones con siete mujeres en específico, que trataron temas familiares, laborales, conyugales, etc. Este proyecto, buscó reivindicar el rol femenino, enfatizando a mujeres guerreras que trabajan y defienden la identidad familiar y del barrio. Así surgió la historia de “Las Cabronas” de Tepito.

El proyecto catalán no buscó hacer una biografía de ellas, sino empoderar a todas a través de historias que tocaran el sentir común evidenciando la fuerza e importancia que tiene la mujer transgresora en un barrio como Tepito, en donde a simple vista parece que se toma un rol inferior al del hombre. “Se trata de reconocer las aportaciones que ellas han construido y reproducido para el barrio en lo simbólico, en el lenguaje, en todo el imaginario colectivo que conforma al ser tepiteña”, afirma Sallarès.
Estos testimonios pertenecen a quienes pasarían a tomar el mismo nombre del proyecto: “Las Siete Cabronas e Invisibles de Tepito”. Ellas son mujeres que han decidido no callarse, defender su identidad cultural y hacer suyo el barrio donde nacieron. Se conocen por: doña Queta, doña Lourdes, doña Chelo, Mayra, Verónica, Marina y Amelia. Tres de ellas sí se logran reconocer, mientras que las otras han preferido mantener un perfil bajo. Ellas son cabronas por transgresoras, fuertes, rebeldes y auténticas. Por ejemplo, doña Queta, con actitud revoltosa y de fe, es la creadora del santuario de la Santa Muerte en Tepito, mientras que doña Lourdes, con habilidad lingüística y creativa, es mejor conocida como la Reina del Albur, o también Doña Chelo, quien a pesar de haber sido obligada a casarse con un padrote y tener 10 hijos, agradece “a Dios la vida y a Tepito la comida”, pues sin ayuda de su marido, vendía trajes sastre para lograr que los 10 terminaran una carrera universitaria. A su vez, haciendo alusión a las relaciones de pareja y a la posición como mujer dentro de éstas, una de las siete afirma que: “Una cabrona no tiene miedo de decir: te voy a hacer esto para que sientas el verdadero placer del amor. Atrévete a sentir que me vas a quebrar con amor. Préstame tus manos para enseñarte a dar y sentir un cariño. Entre más imposible, es más posible amar el momento, aunque tanto cariño te enferme el corazón”.

Así pues, se forma una cabrona, haciéndose visible, fuerte, indócil, y como afirma la Reina del Albur:
“Ser cabrona no es que nunca te chinguen, es que te sepas levantar después de los chingadazos”.
Las Siete Cabronas de Tepito y sus testimonios son un símbolo y un himno femenino que refleja esa lucha que enfrentan las mujeres no sólo en Tepito o en México, sino en todo el mundo. Por eso, se debe honrar las cabronas, todas las que fueron y las que vendrán, querer ser una y luchar frente a la adversidad, el miedo y hacer con la equidad una nueva lucha.

Ver también: Fotografías de cómo viven las cabronas de Tepito
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