El poema de Andrés Amador nos hace reflexionar sobre la existencia y lo que nos rodea:
Oscurece adentro mientras el sol brilla y abraza el mundo en el exterior.
Se desvanece cada idea, mientras afuera se construyen armonías.
La mente encerrada bajo llaves de supersticiones y creencias absurdas,
De ego consciente, conocido y abominable, que protege del miedo de ser real, débil y manipulable.
Qué fácil es caer, ser derrotado; qué difícil es vencer, salir victorioso.
Qué fácil es reírse de lo estúpido y qué difícil reconocer la diferencia.

Qué amenazante es seguir sobrio, en postura, mientras todos mueren a carcajadas y esconden sus ideales para ser aceptados.
Qué difícil es mantener el silencio, valioso silencio, y fácil es demostrar tu bajeza e ignorancia con una palabra.
Todo se calcula bajo lo oscuro, todo se mide, se controla, se conoce, se respira.
Intentar conocer y juzgar a otros, cuando somos irreconocibles ante nuestro espejo.
¿Quién soy? – Sólo sé que algo.
¿Quiénes son todos? – Sólo sé que algo.
Tan poco entre tanto.
¿Dónde nace el señalamiento al otro?
Bajo lo oscuro medito cada concepto aprendido que desvirtúa mi ser, mi paz, mi consideración, mi razón.
Bajo lo oscuro limito mis movimientos; la imaginación exige la palabra y se libera en oraciones. El lenguaje explica lo que ella visualiza, en una nota mostrada y leída en este momento.

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Las fotografías que acompañan el texto pertenecen a Laura Makabresku.
