
Es que es típico, estoy segura que tú también tienes un estilista de cabecera que has mantenido por años. Los artistas viven de su imagen; sí, es cierto que se han sometido a cirugías, tratamientos y diferentes procesos para cumplir con los estereotipos tan estrictos de belleza que la sociedad, moda, publicidad y marketing han marcado. Es su trabajo y han soportado cosas sumamente agresivas con tal de seguir activos.
Pero también ya se han cansado. En los últimos años han alzado la voz y criticado los estándares inhumanos a los que se han tenido que adaptar. Ellos también están hartos de cumplir con una idea de belleza impuesta. Desde los últimos años se han manifestado a través de redes sociales intentando ser más humanos, cercanos, mostrando sus inseguridades y características que los vuelven tan iguales a nosotros.
Ellos también tienen vellos, ellos también tienen sobrepeso, ellos también tienen acné y un pelo incontrolable en ocasiones.
Ellos también recurren a profesionales que les ayuden a quedar como ellos quieren verse y con eso no me refiero a las reglas de belleza, sino a como ellos se sienten más cómodos.
Me encanta esta era de cercanía con las celebridades y una de las cosas que me hacen sentirme como ellos (¿o ellos como yo?) es cómo nos aferramos a los servicios de una persona. Mi mamá tiene una amiga estilista que conoció en el kinder de mi hermano, mi mamá ahora ya es abuela y sigue yendo con su amiga. En algún momento intentó ir con otra persona pero lo aborreció y regresó con su fiel amiga. No deja que nadie más le toque el pelo. Así le pasa a Meryl Streep. La famosa actriz lleva bastantes años de carrera. Es conocida por su belleza y autenticidad. Es divertida, sonriente y muy cercana a sus seguidores. Pero así como nosotras, también es humana y es mujer, por lo que se esmera en lucir bonita para ella misma, no por cumplir fuertes estereotipos.

Para poder contar la historia, debemos regresar el tiempo. En 1975, cuando Meryl se graduó de la Universidad de Yale, se mudó a Nueva York para trabajar en Broadway. Ahí, en una de las obras, conoció a Roy Helland, un maquillador y peluquero que se ha convertido en su mano derecha, amigo del alma y cómplice por más de cuatro décadas.
Desde entonces se llevaban muy bien, salían en ocasiones y mantenían el contacto pero fue hasta 1982 donde Streep le preguntó si quería ser su maquillador y peluquero de tiempo completo. No tardó la respuesta, por supuesto fue un rotundo sí.
Ahí comenzó este ‘matrimonio’ sólido y lleno de complicidad. Algo como mi mamá y su amiga. Roy Helland ha sido el responsable de la camaleónica carrera de la fabulosa Meryl Streep, haciéndola usar pelucas, probando maquillajes, modificando sus cejas y haciendo todo lo necesario para que el look se adecúe con el personaje.
Ahora, yo siempre he dicho que los estilistas son como psicólogos porque ¿a poco no? siempre que vamos aunque sea a un rápido corte de pelo, nos quedamos platicando como si fueran nuestros íntimos amigos. Imagínense cuántas anécdotas han compartido Roy y Meryl.

Hay algunas fechas que recuerdan con mucho cariño en todos estos años juntos pero sin duda, una de las mejores es el 26 de febrero del 2012, es día de los Oscars donde Meryl ganó su tercer estatuilla por su papel de Margaret Thatcher en ‘La Dama de Hierro’ y Roy Helland ganó por primera vez en la categoría de Mejor Maquillaje.
Meryl confía plenamente en Roy; Roy confía plenamente en Meryl. Son una relación magnífica, creativa y duradera, que seguramente, será eterna llena de mucho cariño y complicidad.
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