
Pareciera que la comodidad de nuestros hogares y nuestras vidas diarias nos ha hecho olvidar sobre los peligros de la naturaleza. Claro, el avance tecnológico cada vez nos protege más de estos desastres, pero siguen ahí, y un descuido o pura mala suerte puede hacernos víctimas de ellos. Este es el caso de los rayos, grandes descargas eléctricas que se producen durante las tormentas. Aunque es muy inusual ser alcanzado por uno, no es imposible, y las marcas que pueden dejar en el cuerpo son a la vez impresionantes y terroríficas.
¿Qué son los rayos?
Los rayos son descargas eléctricas que ocurren por un desequilibrio entre las nubes y la tierra. Esto quiere decir que los objetos en el suelo, como árboles, se cargan positivamente, mientras que las partículas de lluvia o hielo en las nubes causan que la carga positiva quede arriba de la nube, mientras que la negativa queda abajo.
La naturaleza no puede aguantar este desequilibrio mucho tiempo, por lo que lo soluciona pasando corriente entre las dos cargas eléctricas, y entonces se producen los rayos, que pueden llegar a alcanzar temperaturas mayores a los 27 mil °C, cinco veces más calientes que el sol.

Sin embargo, no todos los rayos llegan al suelo, a veces la descarga entre corrientes sucede en las mismas nubes y nunca nos enteramos de ellos más que por su sonido.
Dejando huella a su paso
Existen muchas personas que han sufrido la caída de un rayo, y si bien el 90 % de las personas sobreviven a este encuentro, eso no quiere decir que salgan intactos.
Es usual que las descargas ocasionen efectos graves en los cuerpos de las personas, desde convulsiones, parálisis y daño cerebral, hasta amnesia, quemaduras serias y paros cardíacos.

Además, si la persona sobrevive al rayo, no solo tendrá una historia increíble que contar, sino que el suceso quedará marcado en su piel por un par de días como testimonio de su buena o mala suerte, dependiendo de cómo lo veas.
¿Qué son las figuras de Lichtenberg?
Si alguna vez has visto la caída de un rayo en cámara lenta, notarás que no son líneas rectas de la nube a la tierra, sino que son cientos de ramificaciones distintas que se esparcen por el cielo.
Estas ramificaciones son conocidas como ‘figuras de Lichtenberg’ gracias al científico alemán Georg Lichtenberg quien las descubrió en 1777, o también como arborescencias eléctricas por el parecido que tienen a las ramas de un árbol.

Así como las vemos en fotografías o imágenes de relámpagos, las arborescencias quedan marcadas en los cuerpos de las personas que son alcanzadas por las descargas eléctricas, como si fueran tatuajes realizados con la técnica de escarificación.
Sin embargo, no servirán como prueba permanente del suceso, pues las marcas pueden durar días o tan solo horas en tu cuerpo, por lo que se vuelven un recuerdo efímero de tu encuentro cercano con la muerte.




A pesar de que el peligro de ser alcanzado por un rayo es muy real, no debería ser motivo para ocultarnos en casa, asustados de lo que puede pasar. Después de todo, es una posibilidad cada vez menor gracias a los pararrayos que protegen a las ciudades, así que si te gusta disfrutar de la lluvia, lo más probable es que estarás a salvo.

*Con imágenes de: Ecoosfera
