Un viaje que presume llevarte en un Mercedes-Benz de Francia a Inglaterra a través del Eurotúnel suena bastante bien. Durante el camino puedes disfrutar del paisaje que resulta ser la atracción turística de ese viaje y que es nada más y nada menos lo último que disfrutaron los ojos de Diana de Gales… Quizá si no tuvieras tan presente ese detalle tu expresión sería positiva, pero cuando el objetivo es recorrer un lugar que incluye muerte, misterio y tragedia, el asunto se torna incómodo.
Los amantes de lo oscuro podrían pensar que es una buena oportunidad para conocer aquellos detalles ocultos que guardan celosamente sitios como el Eurotúnel, pero es también una actividad bastante inusual que recientemente ha adquirido adeptos y fama mundial. Pero en el caso particular de México se ha convertido en una experiencia muy concurrida por personajes que gustan de la muerte, de los datos curiosos e impactantes sobre lugares específicos.

Por cuestiones culturales, México es un campo muy amplio para mostrar tradiciones y ritos propios de diversas latitudes. Por ello, el país es un destino propicio para el llamado ‘turismo oscuro’, que gana más adeptos cada vez. Pero para poner en contexto, empecemos por aclarar que es el turismo oscuro y porqué causa tanto revuelo. Se trata de vivir experiencias ligadas a la muerte, al riesgo, a lo místico (más por un lado macabro) y al caos que permitan adentrarse en situaciones poco usuales en un viaje. Es decir, no es un recorrido por las Pirámides de Teotihuacán, las Grutas de Cacahuamilpa o el Bosque de las Luciérnagas, es más, no son recorridos como el que se realiza en la Isla de las Muñecas o por el islote en el que se monta “La Llorona” año con año en Xochimilco.
El turismo oscuro pretende recorrer espacios que han sido marco de algún asesinato, una matanza, rituales o situaciones riesgosas. A veces sólo pasean por el sitio o hacen una especie de recorrido, pero en otras viven la experiencia completa y tratan de adentrarse a la situación que se vivió, con el fin de recrear paso a paso el sufrimiento o el temor que experimentó la desgraciada víctima. No hay registros que digan desde cuando y en donde se originó, pero en México parece que tiene ya un tiempo siendo la opción de muchos arriesgados que no se conforman con visitar lugares comunes y buscan experiencias lejos de las convencionales.

En la mayoría de los casos es una actividad legal y sin riesgos, los promotores suelen ser personas que habitan cerca de los lugares y la toman como una fuente de ingreso más; incluso en algunos sitios se ha llegado a convertir en un medio de supervivencia. Todo con la premisa de que los habitantes de las grandes ciudades conozcan nuevos sitios para reencontrarse con la historia, porque buena, mala o tenebrosa pertenece a nuestro imaginario social.
No hay mucha promoción alrededor de ellos, por lo que las visitas suelen ser aun más misteriosas. Por extraño que parezca, las autoridades apoyan éste tipo de vivencias. No hay nada de malo en conocer aquellas historias que no son relatadas por los libros escolares y tampoco se nos enseña con facilidad, pero que al fin y al cabo forman parte de nuestra identidad como mexicanos. Sin embargo, el gobierno y los investigadores pretenden que este tipo de turismo se enfoque a tradiciones más comunes como el Día de Muertos en el Lago de Pátzcuaro; demostrando que aún se tiene cierto temor a seguir promocionando estos tours, ya que hay una amplia gama de opciones para vivir el turismo oscuro.

Por ejemplo, en la Ciudad de México hay un recorrido por Tlatelolco con el fin de recordar la matanza de 1968. Otro ejemplo nacional es la Torre Miramar en Mazatlán que es el lugar en donde atraparon al “El Chapo Guzmán”, así como el cementerio, Jardines del Humaya en Culiacán, Sinaloa, especial para los narcotraficantes; considerado el más grande e importante del país en su rubro. Espacio concurrido por todos los que buscan vivir la adrenalina que se libera al caminar entre las tumbas de importantes capos y de no saber si en cualquier momento llega un cuerpo nuevo o la policía.
En parte, eso es uno de los principales motivos y objetivos de esta clase de turismo: generar adrenalina y temor. Un ejemplo que ilustra bien esto, es la experiencia de ser un migrante. En Hidalgo hacen una representación en la que el visitante simula ser un migrante en la frontera de Estados Unidos y México en donde son llevados como unos “polleros” lo hacen con los inmigrante ilegales. Los guían como si en verdad cruzaran la frontera y simulan correr siendo perseguidos, los atrapan y en verdad le hacen sentir todo un recorrido de emociones que van más allá de empatía y comprensión.

En el mundo existen sitios que son concurridos por sus historias fantásticas como la “Zona Cero de Nueva York” y que comprende el terreno donde una vez estuvieron las Torres Gemelas o el recorrido que se puede hacer en limosina para emular el viaje de Kennedy cuando fue asesinado.
Pero si hay un lugar que cause terror, y que no es precisamente porque exista algún tipo de presencia maligna o fantasmal, es el “viaje de la eutanasia”, en Suiza, en donde los asistentes son inyectados con un somnífero y se despiden de sus seres queridos o amigos por medio de una especie de recorrido.

Si bien estas actividades son una manera de quitar ataduras sociales ya que nos estamos atreviendo a viajar por sitios poco conocidos, practicar este nuevo tipo de turismo es sin duda una experiencia para aventureros que estén abiertos a cualquier tipo de acción y que no se sienten avergonzados en visitar un lugar así. Cada vez aumenta la popularidad y el “riesgo” de tener vivencias similares es inminente. Las personas ya no se inhiben en secreto y ahora se atreven a conocer el riesgo, dolor o miedo.
Si te atreves, visita los sitios y conoce más allá de lo que se nos ha dicho, plantea tus propias teorías y sorpréndete.
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¿Conoces el turismo extremo en Chernobyl? Es muy similar al turismo oscuro. A este paso, el turismo en Marte podría ser un realidad.
Fuentes
UNAM
Excélsior
