El 2 de noviembre está por llegar;
una fiesta a la huesuda tenemos que preparar.
La comida y el tequila no pueden faltar;
esta noche venimos a recordar y olvidar.

La muerte, catrina, calavera, dientona, pelona, o el nombre que más prefieras, siempre ha estado ahí, observándonos sigilosamente. Todos nos hemos llegado a preguntar ¿Qué pasa después de la muerte?, justo es esto lo que nos inquieta y nos hace sentir miedo, terror o incertidumbre.
A lo largo de la historia cada cultura ha construido sus propias creencias con respecto a ella y las ceremonias o rituales que la acompañan. En México, la ideología que se tiene está entrelazada por la influencia de los pueblos de Mesoamérica y los españoles durante la época de la conquista. Un claro ejemplo de este sincretismo cultural es, nada menos, que El Día de Muertos. Sí, ese día en que las calles se visten de colores y fragancias. Día en que dolor, tristeza y llanto se entremezclan con fiesta, música y alegría. Es momento de compartir y convivir una vez al año con tus difuntos. Es dialogar con la otra vida. Es celebrar la inmortalidad del alma. Es recordar a aquellos que se fueron y no volverán. El día de muertos es una fiesta; nuestro invitado especial: la muerte.
Es tanta la riqueza cultural de esta celebración que la encontramos en creaciones artísticas de músicos, pintores y poetas mexicanos, e incluso de artistas extranjeros. Tanto para nosotros como para ellos es fascinante esa relación amor-odio que tenemos con la muerte. Bien dice Octavio Paz que “para el habitante de Nueva York, París o Londres, la muerte es palabra que jamás se pronuncia porque quema los labios. El mexicano, en cambio, la frecuenta, la burla, la acaricia, duerme con ella […] Cierto, en su actitud hay quizá tanto miedo como en la de los otros. pero […] la contempla cara a cara con impaciencia, desdén o ironía”.
Los cineastas no se han quedado atrás y han querido reflejar esta ideología en sus cortometrajes. Más allá de la técnica que se utiliza o si se cuenta con mucho o poco presupuesto, lo realmente importante es qué se dice. Por ello, aquí te presentamos tres cortometrajes para disfrutar y reflexionar este 2 de noviembre. Ve por tu frazada, prepara un chocolate; te invito a entrar al mundo de los muertos…
Hasta los huesos (2001)

Por René Castillo. Animación con plastilina. En la música destaca la participación de Café Tacuba y la interpretación de Eugenia León.
Quién mejor que un mexicano para plasmar esta celebración. Este cortometraje representa a la perfección las dos concepciones del mexicano hacia la muerte. Por un lado tenemos el miedo a morir y el dolor de los familiares; por otro, la fiesta y burla ante un hecho que es inevitable.
La historia comienza con la muerte de un hombre. Este desciende al mundo de los muertos, donde es recibido con una fiesta bohemia. Los colores y la música cambian. Él trata de escapar; se aferra al mundo de los vivos a través de una flor y una fotografía. La Catrina coquetea, le canta al oído y lo seduce. Él se da cuenta que, después de todo, morir no es tan malo, y la acepta como un “trago amargo”.
https://www.youtube.com/watch?v=VR_hPPV8td8
Día de los Muertos (2013)

Por Ashley Graham, Kate Reynolds y Lindsey St. Pierre del Colegio de Arte y Diseño Ringling. Corto animado ganador del Oscar Estudiantil 2013.
Una niña visita la tierra de los muertos. Entre mariachi, flores, dulces y comida se da cuenta que estar muerto no es tan malo como se nos pinta. El día de muertos es el acto de rememorar las viejas huellas, este corto nos recuerda que nuestros muertos sólo existen si los tenemos presentes en la memoria.

Por Cassie Urban. En el día de muertos, un joven llamado Tomás visita la tumba de su abuela, quien ha fallecido años atrás. Este día encantado y de celebración trae a su abuela de regreso de la otra vida e intenta compartir un baile folclórico con su nieto.
Este cortometraje, al igual que los demás, refleja cómo la muerte induce miedo y la evitamos, la escondemos, la exiliamos de nuestra existencia. Nos provoca asombro, nos reímos con y de ella. Después de todo, no nos queda más que tomar la mano de La Catrina y bailar a su ritmo sin temor…
