Entre el mito y los casos certificados está el reconocimiento de los niños que crecen como bestias, sin más instrucción que los hábitos de la naturaleza y cuyos comportamientos son obtenidos de sus semejantes: los animales. Los niños salvajes anteponen la pulsión sobre su condición humana; desarrollan un instinto animal que los imposibilita de vivir en sociedad y los sitúa en un estado primitivo en un medio natural.
Pero esta brutalidad que habita en los niños ocupa, también, sus deseos, esta es la propuesta fotográfica de la española Dara Scully. En medio de la inocencia abrumadora de un niño se dejan ver los destellos más oscuros que lo transformarán en adulto. La dualidad en la figura infantil que los hace inocuos y crueles es por el poco valor que se da a la honestidad que pronuncian sus bocas. Los niños son las bestias de la palabra y la primera impresión.
Para Dara Scully la infancia es un pasado impenetrable por el adulto, pero el momento en el que sus bestias convivían para definirlo hombre. En Sleeping Beasts, la española retrata a una pareja de niños como bestias durmientes. Los presenta despojados del vestido y en convivencia con aves y mariposas; su hogar es la naturaleza y el cuento es la separación de la vida adulta por su condición salvaje.

Dara se reconoce hija de los bosques y obsesiva por la infancia, pues no hay mejor etapa en la que se muestre tan evidente la relación crueldad-ternura, inocencia-deseo, esto es lo que diferencia a un niño de un adulto.

Sleeping Beasts es un cuento en fotografía digital en el que la honestidad brutal y salvaje de un niño ocupa su pequeño cuerpo y se abraza de la naturaleza entre árboles y aves. La obra de Dara gira en torno a la espesura de los bosques y testifica la vida salvaje en imágenes digitales de estética análoga. Su trabajo se configura de la conexión del hombre con la Tierra atado por el instinto.

Dara hizo estudios en Bellas Artes pero descubrió su gusto por la fotografía y comenzó a estudiar la técnica de manera autodidacta. Dice tener alma análoga, pues es la textura y los colores de este tipo de imágenes las que revelan un mundo al que no se pertenece pero se accede a través de la contemplación.
“Trato de imitar la fotografía análoga porque yo también creo mundos a los que no se puede acceder sin invitación”.
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