Sólo puedo esperar ser yo.
Viktória Kolleróva
Instrucciones para desaparecer:
“Antes que nada, esclarezca los antecedentes que lo han llevado a desaparecer de la existencia. Busque entre recuerdos, memorias y anécdotas esas situaciones que hacen a uno buscar convertirse en bruma, niebla y humo. Elimine todo rastro de presencia en el mundo, ya sea el real o el imaginario. En el real es necesario tomar todo artefacto tangible que sirva de evidencia para delatar permanencia física; en el imaginario es más complejo, pues hay que negar el pensamiento: callarlo, ignorarlo y evitarlo”.

“Despojarse de las vestiduras es primordial, el cuerpo debe representar el estado orgánico en libertad y abandono que resulta de quitar las protecciones artificiales que la vida en comunidad le ha impuesto. Desaparecer es un arte solitario, se recomiendan entre cinco y siete kilómetros de distancia entre el punto de desaparición y cualquier otra persona; si vive en una gran ciudad, un patio trasero bastará. Llegado el momento, sienta el pasto en las plantas de sus pies, cierre los ojos y deje que la brisa acaricie cada parte de su cuerpo; enfoque su atención en esas caricias, desde las más agresivas que producen escalofríos y temblores hasta las más sutiles que en lugares inesperados parecen la mano curiosa de un amante invisible”.

“Mantenga una postura vertical por el tiempo necesario hasta que le sea imposible continuar de esa forma, después, en posición fetal lleve su mente al principio de todo; así, desnudo y en la misma postura en la que llegó al mundo, poco a poco desaparecerá”.

Viktória Kollerová es una fotógrafa eslovaca que muestra su intento por desaparecer. A través del arte de la imagen, captura un momento único e irrepetible y lo hace eterno, contradiciendo el objetivo deseado, ella intenta negarse pero al mismo tiempo se inmortaliza en un retrato que atemporal. En un característico blanco y negro que recuerda a la fotografía de Francesca Woodman, la joven eslovaca juega con su cuerpo forzándolo a tomar posiciones extrañas y a mostrarse al natural ante el espectador, cargando la fotografía de erotismo y sexualidad.


Desaparecer es imposible, pero a través del arte ella demuestra que es posible hasta cierto punto. Sus fotografías retratan cuerpos incompletos que reflejan el estado de su espíritu: una pieza imperfecta que desea alejarse de todo. Dispuesta para apreciar distintos planos, las fotos de Kollerová le dan importancia a su cuerpo, pero éste depende completamente del fondo, por lo que las imágenes —casi siempre en paisajes naturales o ruinas— carecerían de sentido si fueran producto de un trabajo en un estudio fotográfico.

Rompiendo el límite entre la realidad y la fantasía, las imágenes llegan a ser oníricas, seduciendo al espectador a adentrarse a un mundo en el que en efecto, es posible desaparecer, o por lo menos es factible convertirse en algo más que un ser humano.

Es natural buscar desaparecer, pero la realidad siempre nos arrastra de regreso, sin embargo, el arte ha demostrado ser ese motor capaz de llevarnos más lejos de lo ordinario. Artistas como Viktória transforman el cuerpo e incluso el alma para darle a nuestra existencia un respiro de ese trágico e inevitable sentido de la vida con el cual luchamos todo el tiempo.
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Fuente:
Feature shoot
Vikikollerova
