«La obra escrita no es un trabajo terminado hasta que es interpretada en el escenario por actores y traído a la vida por emociones humanas genuinas: lo mismo puede decirse de una partitura musical, no es realmente una sinfonía, hasta que es ejecutada por una orquesta de músicos en un concierto», sentenciaba Konstantin Stanislavski. Su método trascendió todos los límites de la actuación.
Vivir el personaje en lugar de sólo interpretarlo, ésa era la clave. El actor, si se decía ser tal, tenía que hacer diversos ejercicios y rutinas para no sólo entender el papel que escenificaría, sino para sentir, pensar y reaccionar como él. A mediados del siglo pasado, este método parecía una idea un poco extraña y nada profesional, hasta que fue adoptada por diversos actores que demostraron sus resultados: uno de ellos fue Marlo Brando.

Es verdad que su belleza nunca pasó desapercibida. Pero ésta sumada a su totalmente sensible interpretación, le ganó el reconocimiento de quienes lo observaban. Esto le permitió saltar de la actuación en teatros locales a la fama mundial en muy pocos años.
La rebeldía no era cosa nueva, la traía en la sangre; siempre rompió las reglas. Se dice que, de pequeño, fue expulsado de varias escuelas por su desenfrenado comportamiento. Y no era culpa de Marlon; su situación familiar era como una olla hirviendo a presión, que provocaría la ebullición emocional del joven actor.

Muchos biógrafos han visto en la relación con sus padres la respuesta a la intempestiva personalidad del también protagonista de “Un tranvía llamado deseo”. El presunto alcoholismo de sus padres, la dependencia emocional de su madre y la frialdad de su papá, configurarían una personalidad intranquila que se ocultaría detrás del chico malo que causó furor en los años 50.

Otros más, aducen que su comportamiento se debía a la dificultad que Brando siempre encontró al ser hermoso. Desde niño fue una cualidad notoria que, en lugar de agradarle, le disgustaba enormemente. Tanto así que, según algunos de sus biógrafos, tuvo comportamientos autodestructivos desde muy pequeño. La presunta adicción a la comida, pudo ser uno de los mecanismos que encontró el actor para negarse a sí mismo y el resto del mundo su incómoda belleza.

En cuanto a lo profesional, este hombre originario de Nebraska, comenzó sus primeros pasos como actor en el teatro durante la década de los 40, tal fue su éxito que sólo 10 años más tarde incursionó en el cine. Stella Adler, una de las máximas figuras de la interpretación, guió sus primeros pasos desde una escuela de actuación en Nueva York. En diversas entrevistas, ella recuerda lo asombrada que estaba de la enorme sensibilidad que desplegaba el joven actor, su facilidad para entrar completamente en el personaje.

El asombro de su profesora fue extensivo para todo el mundo cuando vieron esos enormes ojos y generosa boca en la pantalla grande. Era Brando el prototipo de hombre occidental que las mujeres esperaban ver; fuerte, audaz, valiente y sin límites. Desde la punta del cabello hasta la de los pies, representaba toda la perfección masculina.

A diferencia de muchos actores que navegan con la bandera de su hermosura y ése es su pase directo para cualquier sitio, Marlon realmente tenía una preparación. No le bastaba poner su cara bonita delante de la cámara, estudiaba el papel de manera profunda, entraba en las dinámicas del personaje, exploraba sus emociones más recónditas e improvisaba en algunas escenas según fuera fluyendo la situación.

En cuanto a su vida amorosa se ha hablado demasiado, como era de esperarse. Se casó tres veces aunque tenía múltiples amantes, se sabe que con ellas tuvo cerca de una decena de hijos. También, como era de esperarse,”estabilidad” era una palabra que sus relaciones amorosas jamás conocerían. Tarita, la esposa haitiana del mítico actor, escribió un libro donde narró todos los abusos que ella y sus hijos sufrieron a manos del actor a quien describió como una persona desleal, celosa y violenta.

Su personalidad estaba llena de contrastes; mientras que en lo privado, sus asuntos emocionales estaban de cabeza, en lo público era activista del Movimiento Indígena Estadounidense. Tanto así que, cuando ganó el Oscar por Mejor Actor por “El padrino” , se negó a recoger el premio y cedió su lugar a Sacheen Littlefeathe, una nativa que públicamente denunció los malos tratos para esta población y rechazó el premio de manera oficial.

No siempre tuvo éxito. Pasados los años, su condición física comenzó a mermar y los directores no estaban interesados en contratarlo. Con insistencia, audicionó para Ford Coppola para interpretar a Vito Corleone en “El padrino”, cosa que consiguió y le mereció múltiples reconocimiento. Entre sus excentricidades destaca que, en 1966 luego de la filmación de “Motín a bordo”, compro una isla en Tahití donde vivió por varios años alejado de todo.

Quizá el episodio más reprochable fue la violación que planeó con Bernardo Bertolucci a María Schneider durante la filmación de “El último tango en París”. Es verdad que se ha dicho que fue idea del director; sin embargo, fue Marlon quien llevó a cabo la acción, misma que afectó enormemente a María, la cual quedó traumatizada tras el evento y tuvo varios intentos de suicidio además de problemas psiquiátricos por el resto de su vida.

Marlon, por su parte, murió a los 80 años, tras un enfisema pulmonar. La soledad y el olvido probablemente fue parte de su paga, además de un trágico episodio familiar; su hijo preferido asesinó al novio de su media hermana, también hija de Brando, quien decidió quitarse la vida algunos años después. Eso, naturalmente, destruyó emocionalmente al mítico actor.

Entre todos los papeles que interpretó, ¿quién era el verdadero Marlon Brando? Fue el famoso actor que rodeado de todas las celebridades en boga se convirtió en el hombre abusador y misógino. Fue objeto de enormes reconocimientos por parte de la industria y recipiente del deseo de todas las mujeres del mundo, pero al mismo tiempo tenía un severo problema de aceptación. Entre contradicciones y ambigüedades, Brando sólo queda en el recuerdo, no más.

**
Si quieres conocer más series fotográficas mira éstas que retratan el horror de la guerra y tampoco te pierdas el registro fotográfico de las Panteras Negras y su lucha por la igualdad.
