Carta a un burócrata olvidado

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Carta a un burócrata olvidado
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Carta - carta a un burócrata olvidado

Vas por las calles buscando pertenecer a algún lugar.
Sigue, ponle alas a tus sueños y haz que una sonrisa sea tu fiel compañera.
Aunque tus ideas parezcan inconvenientes, nunca las des por muertas,
ni las arrumbes en el cajón del olvido.
Tu pensamiento no cabe únicamente dentro de los códigos éticos y morales;
las jaulas, a veces, son invisibles.

Si llevas años remando a contracorriente y tus brazos se cansan y sientes que las piernas dejan de responderte,
voltea y verás que no eres el único que va hacia el otro lado.
Mete tu imaginación en papalotes de colores y déjalos que invadan el mundo.
Amor, atardeceres, suspiros, canciones, sombras, besos en silencio, fuego, caminos…
Libertad y más libertad.
Debes estar seguro de que necesitarás algo más que fuerza de voluntad para contrarrestar el conformismo, la inercia y la apatía.
No pares, nunca pares. Sigue hasta alcanzar cualquier pretensión y no abandones a nadie en el camino.

El sistema confió en ti, pero tú no confiaste en el sistema.
Al llegar la noche, cuando descansen el alma y el cuerpo, cuando tu mente sea sueño y materia, guarda el pasado.

No pares, nunca pares. Pierde los instantes que quieras. Al final,
la vida es un suspiro que dura la eternidad.
Olvida el autocontrol y grita, no dejes de gritar.
Para qué caminar, si puedes volar.

No sueñes que sueñas,
vuelve realidad tus sueños todos los días.
Sí, trabaja, pero no le entregues tu vida al horario y a la oficina.
Viajes, fogatas, secretos, recuerdos, huellas, miradas, instantes congelados…
Rememora las fotografías del pasado para recordar de dónde vienes;
escribe posdatas que den voz a las personas que has conocido en cada paso;
pronuncia palabras que acaricien el rostro de todo lo que amas.

Vive tu destino, aquel pasado que te hace ser en el presente y que construye el futuro, tu futuro.
Envejecer…
Y seguir viviendo.
Viajes, despedidas y colores que desfilan por tus pupilas.
No más etiquetas.
Visitas a lugares poco conocidos, con personas poco conocidas
y pláticas poco conocidas.
Tiempo consumido que va y viene, segundos que desaparecen y se transforman en momentos que están por venir.
Fobias en la mente que no desaparecen, pero tampoco te consumen. Miedos que te impulsan a seguir.
Dios, locura, cocteles y fantasmas pasando por el retrovisor.
Cenas, libros y sueños sin acartonar.
Ruido y caos que se niegan a desaparecer por el peso del mañana.
¿Bonos? El único bono que vale es el de hacer lo que te apasiona.
Hogar en cualquier parte del mundo,
pero al final de cuentas, hogar.
Lugares del pasado que llenan el presente.
Ideas en la mente que dibujan otros universos.
Un dilema que se convierte en futuro.
Decisiones que se convierten en acciones.
Debate existencial, crecimiento espiritual.
Familia unida en… el lugar es lo de menos.
Vecinos y amigos que se saben vivos.
Humanos que reconoces como humanos.
Una reja azul, paredes blancas y grandes ventanas;
césped en el que crecen rosas rojas.
Una rica cena.
Dos estrellas en medio de la noche,
un gato durmiendo junto a la cama,
un beso que contiene la eternidad
y una sonrisa para dar las buenas noches.

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