Poema 4: “En cama”

Durante la noche,
a las horas del insomnio,
de repente lo comprendía todo;
me detuve en ese momento
para tratar de captar hasta el último detalle,
para intentar en un par de segundos
no olvidarlo y recordarlo;
después, lo sucedido en mi espíritu se iba,
de nuevo aparecían las interrogantes
y no quedaba más remedio
que perderme en el ensueño,
al que mi cama me invitaba.
Poema 5: “A ti que te encontré subiendo por las escaleras de mi mala suerte”

Y porque cuando fuimos jóvenes,
Allá entre bosquejos de sutiles alas,
Donde rápido se desvanece el aire,
Se deslumbró tan efímero tu vientre
Como si nunca hubiese sucedido.
Y así nosotros para eso,
Para algo que en minutos
Durará por nuestras vidas.
Sólo somos dos campanas entre vientos,
Un recuerdo de muchísimos alientos.
Sólo somos dos columnas de almas proyectadas,
Como golondrinas ante el vacío de nadie.
Amor, nada tengo por debajo de mi nombre
Y lo de mis bolsillos ya no importa.
Son millones los versos de mi boca,
Pienso y eso es lo único que importa.
Poema 6: “Bob”

Vistiendo un saco de lana,
un hombre cálido
planta flores en sus alfombras.
Jo ja ja y una botella de ron.
Lo romántico y la costumbre
le impiden alegrarse de que ha vuelto a beber.
Negros vientos y blancos viernes,
el grasiento charlatán, el dios vagabundo
toca su música y nos da una dosis contemporánea.
¡Pálido prófugo que hace sonar su guitarra!,
su armónica y su espíritu;
renace con el orgullo roto,
muerde su camino, su ruido y su sombra.
Bastardo pintor de la realidad.
Si ha visto que la libertad esta tan cercana,
¿por qué la vida le pasa a ser tan sólo un pretexto
para encender un cigarro tras otro?
Un sombrero algún martes,
un pase de abordar por la noche
y más de diez mil millas lejos de casa.
Sus sonidos armónicos que rebotan
huyendo.
¡De la miseria, de la cólera, y
de nosotros que nos ha confiado su tesoro!
He aquí su divino castigo.
¡En marcha!
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