Hay ciertos episodios en la vida, especialmente ligados al amor que nos cuesta encontrar la manera de cerrar. Para cualquier tipo de amor, cuando se pega al alma no basta con querer decir adiós. Nos lo dijo Neruda, lo dijo Benedetti. La poesía es el mejor liberador de dolores, porque sólo perdonando nos desprendemos de eso que nos está reteniendo; quizás una medicina para el alma.
Si quieres saber cómo perdonar para volver a amar, te compartimos estos dos poemas que te ayudarán a cortar de raíz y seguir adelante. El amor en cualquiera de sus versiones es el motor, y tomar el amor para sí mismo es el motivador perfecto en las circunstancias más difíciles.

Ver también: Cómo volver a confiar en el amor después de una gran desilusión
TE DESCUBRÍ
Anoche entre tanto pensarme
descubrí que te pensaba.
Irrepetibles veces, sin entender por qué, te pensaba.
Anoche tratando de entenderme entendí que no lo lograría,
que no importaba cuanto borrara e intentara tipear un punto y aparte,
mis letras terminaban en tu cintura.
Entre tantas percepciones y acrobacias,
tratando de unir mis pasos me di cuenta
que mi mayor error es no arrepentirme de lo que me he convertido
por negar mis demonios.
Tú te has transformado en mis demonios, o tal vez me transformaste a mí.
Y es que no hay forma de opacar las palabras que nos grita el corazón,
como quien quiere ignorar la luna dándole la espalda,
como quien quiere quitarle el brillo a la aurora,
como quien quiere olvidar el amor.
Entre olvido y amor hay mucha piel de por medio,
tantas caricias y besos perdidos,
tantos corazones y labios arrastrados.
Entre el olvido y el amor hay mucho dolor e ilusión,
ilusión de poder lograrlo y dolor por entender que no podré.
Entre mi alma y mi razón hay un abismo tan grande
como la oscuridad en la distancia,
porque hay uno a tu lado,
y el que me dejaste también decidió abandonarme.
Quizá deba pedir perdón a los labios abandonados de quienes no saben
que el problema con mi cama es que sólo lleva sábanas.
Quizá deba pedir disculpas a mí mismo por engañarme tan continuamente.
O quizá deba enorgullecerme por lograr no desahuciarme en el intento,
por escribir tantas líneas de mi realidad a sabiendas de lo que necesito
y esforzarme tan duramente en continuar mi guion.
No lo sé, al igual que tantas cosas que no quiero saber.
Me adentro en recuperar la razón que se me fue,
en robarte el corazón que tú decidiste llevarte.
Redirijo mis letras a donde debieron comenzar, a mí.
A mí, a mis escudos de orgullo dibujados con soledad.
A mis líneas camuflajeadas en el miedo al destino.
A mi obsesión por los minutos y el control de mi sonrisa,
Sonrío cuando quiero e incluso si no lo siento.
Hice un pacto con el error.
A quienes creen entender,
entiendan que la infinitud de mi vivir va mas allá de mi propio mirar.
A quienes creen juzgar,
aún yo estoy tratando de buscar la manera de sentenciar mis acciones.
No se si corregirlas.
No se si aceptarlas.
A veces pienso que la vida es como un libro
que entre capítulos incompletos se pierden secretos
se pierde esencia
me pierdo yo.
Y entre tanto perder al fin he encontrado algo cierto:
que no te he terminado de escribir,
que aún tengo en mano los colores con los cuales
pensaba dibujar en tu rostro la mas brillante sonrisa.
Pero entre colores, poemas y canciones hice nuestra silueta en la luna,
para verla cuando quiera, para verme cada vez que me pierda.

SIEMPRE PODRÍAMOS
Podría escribir historias de amor sobre ti,
sobre lo impropio del tiempo y como te amé viéndote marchar,
tantas veces ibas y venías que los días se acortaban a besos,
miradas ignoradas o llamadas no contestadas.
Podría escribir historias de soledad sobre mí,
así como medíamos los tiempos y perdíamos los días.
Sí, así es como se rompe un corazón.
Podría escribir poemas de melancolía,
trayendo los sentimientos más oscuros del alma,
esos que forzamos a esconder porque sabemos que no entenderemos cómo manejarlos,
no están hechos para ser entendidos,
no lo están.
Podrían hacer canciones sobre nosotros,
tan tontas y sin sentido,
tan llenos de amor y con tan poca suerte.
Tanto cliché en la tristeza selectiva,
en las despedidas elegidas y los besos que nos guardamos.
Podríamos hacer de tu melancolía historias y de mi soledad canciones.
Tanto podríamos,
siempre,
Un tanto más o un tanto menos…
Pero podríamos.

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