Alguna vez escuché a alguien hablar de la Maga y desde entonces no he descansado en mi profundo anhelo por llegar a conocerla (…)

La maga
Tierna la luz primera del amanecer
Que constantemente canta en prosa,
Los versos más rebuscados
Que compone el sol luego del atardecer.
Posible es hallar en su rostro
La verdad del vasto Universo,
Como si dependiera de su sonrisa
Para develar el misterio de la felicidad.

En sus ojos la vida mana con dulzura
Lo que en el corazón del tiempo se traza,
Deslumbrando el corazón de la humanidad
Dando al querer y al amar su inevitable convergencia.
Sus ligeros pasos por el sendero de los sueños
Libera paz en la brisa que acaricia al alma,
Inspirando a aquellos compositores de la vida
Que osan por vivir el deseo de conocer a la Maga.

Si las palabras bastaran para describirla
Si los versos pudieran atrapar alguno de sus sueños,
Los libros de poesías tendrían infinitas rimas
Que jamás hubiera podido escribir un solitario poeta.
Muchos anhelan entender y explicar
Cómo logra la Maga girasoles resucitar,
Dar color a la esperanza de los días venideros
Y al mañana un tono de recóndito esplendor.
¡La Maga! repiten los colibríes en los rosales,
¡La Maga! colorean los verdes pastos en las montañas,
¡La Maga! corean los pequeños mirlos en su nido,
¡La Maga! sueñan los pandas en su jardín.

(…) porque tengo la seguridad de que cuando pueda al fin conocerla, ningún amanecer volverá a ser el mismo.
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