Si hay algo que es certero es lo siguiente: las relaciones nunca terminan repentinamente. La ruptura se inicia desde las primeras sospechas, desde las primeras palabras que se gritan sin pensar; y continúa mucho tiempo después de que la persona se ha ido.
En el siguiente cuento de Andrea Ramírez, la protagonista desarrolla un monólogo interno en el que se plantea la siguiente pregunta: ¿cuánto tiempo he estado sola realmente?

Escribo en el avión, en el vuelo de vuelta, 15 horas para llegar al destino más dos de tráfico para llegar a casa, descansar y evaluar la situación, la realidad que tanto evité, adiós viaje.
Los pensamientos empezaron algo así:
T
E
R
M
I
N
A
R
Una letra a la vez para poder procesarlo bien, no lo comprendo. ¿Qué está pasando? ¿Acaso entendí todo mal? Como siempre me adelanto a los hechos, interpreto todo de una manera un poquito más exagerada. ¿Qué pasa? Todo es una mentira.
Definámoslo así: terminar, poner fin o término a una cosa, consumir o agotar una cosa.
La cosa que se agota es el amor, el fin inminente de la relación. Los pensamientos revolotean cual pajarillos encerrados en una jaula pequeñita. Olvido que él se encuentra a mi lado, me toca y pide mi teléfono. Casual. Nada pasa después de nuestra intensa conversación, de la evaluación de nuestra relación, de la necesidad de un tiempito lejos. Él se encuentra como si nada y yo absorta en mis pensamientos. “Tenga para que se entretenga, imbécil”, pienso. Por más que quiero estar enojada o triste con él no puedo, la euforia del viaje que acabamos de terminar aún sigue en mi organismo.
No quiero escucharlo, no quiero actuar como si nada, no me duele, no todavía. Sigo feliz, aún sonrió recordando aquellas caminatas en la noche con el frío calando nuestras entrañas. Dormir y despertar juntos por más de una semana. Bah, todo termina.
La lista mental sigue, ya estamos en el avión y yo sigo haciendo comentarios pasivo-agresivos, cómo me divierte darme cuenta de mi comportamiento, río. Él trata de llevarla también por el lado divertido, sonreímos hasta que de nuevo comienza mi lista mental.
Así:
¡Todo va pa’ bajo!
¿Cuándo has estado sola?
¡Temor! ¡Soledad! ¿A dónde vas a parar?
El amor es temporal
¿Un año? ¿No hay más?
El porvenir me está dando miedo, no quiero enfrentarlo, quiero volver, quiero mi cama. Quiero, quiero, pero no, no, el tiempo que no pase, no puedo decidir ahora, no quiero.
Entender que el tiempo no para, ¡ay, pero que ordinaria mi conclusión!
Vuelvo a mí, vuelvo al presente, ahí sigues a lado mío. Pues claro, ¿a dónde más puedes ir? Lees, te miras chistoso. Yo siento mi cabello grasoso, me incomoda sentirme así, ¿pero ya qué? Hay cierta confianza en nosotros y siento que aún así sabes que soy bella. Ja ja ja, río al escribir esto. El narcisismo a veces cobra vida también en el lenguaje escrito.
Me preguntas algo, ya ni recuerdo qué.
Recobro la fuerza que hace un momento se me fue, luego se vuelve a ir. Los pensamientos regresan y así sucesivamente, hasta este momento en el que escribo esto.
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