Agarrados intensamente de las manos, haciendo un fuerte a todas las oscuras y majestuosas sombras que los aplastaban con cada uno de sus frágiles pasos, los cuatro hermanos Dollanganger decidieron avanzar cuidadosos en ese terrible ático, esperanzados de que ese lugar fuese su estancia por unos cuantos días. Pues, ¿cómo podría convertirse una habitación de un ático en un paraíso en el que crecieran las flores? ¿Cómo podrían desarrollarse cuatro niños aislados del mundo? Encerrados bajo la llave de su temible abuela y teniendo a su madre como carcelera.
Es el año 1979 el que marca el inicio de la exitosa saga Flores en el ático por la autora Virginia Cleo Andrews (V. C. Andrews) teniendo las continuaciones: Pétalos al viento, Si hubiera espinas, Semillas del ayer, y Jardín sombrío. Esta gran obra inicia con la narración de Chaterine Dollanganger quien desde su punto de vista nos envuelve en una abrumante y controversial historia familiar.
La novela nos describe la historia de los cuatro hermanos Dollanganger: Christopher, Catherine, y los gemelos Carrie y Cory, quienes al comenzar la historia, tienen 14, 12 y 5 años respectivamente. Tras la repentina y trágica muerte del padre, su madre, Corrine, decide que la mejor opción para la familia es mudarse a Virginia bajo el techo de sus padres. La abuela, Olivia, acepta acogerlos en su casa pero con la condición de que los niños permanezcan encerrados de forma permanente en el ático de la mansión. Lo que parece ser una solución temporal, comienza a extenderse en el tiempo y su estancia se transforma poco a poco en un encarcelamiento lleno de abstinencias, dudas y resentimientos.

Los días en el ático transcurren de una forma lenta y dolorosa bajo todos los pensamientos e ideas que invaden sus mentes, teniendo como su única elección transformar su prisión, limpiando todos los lugares oscuros y embelleciendo cada rincón con dibujos y papeles de colores, pues a pesar de todo eran niños y la esperanza echa raíces en los jóvenes; es tanta que les llegan hasta los dedos del pie. De esta manera cuando entraban en el ático veían un jardín, después de todo estaban dejando una huella en el mundo, habían cambiado un ambiente gris en algo bello.
Al leer una historia que se desenvuelve y se extiende en el sufrimiento de cuatro niños, es fácil tomar partido encontrando víctimas y culpables de manea natural, sin embargo Andrews da un giro y una peculiaridad en la historia, pues esboza la maternidad desde una perspectiva cruel y egoísta.
Es así que en el desarrollo de la historia se deslizan demasiadas cuestiones entre líneas, sin embargo una pregunta domina en lo alto: ¿Por qué? ¿Por qué su madre los habría llevado a esa mansión? No era un refugio seguro, un asilo, un santuario ni mucho menos un hogar. ¿Podría ella tener conocimiento de que sus hijos iban a ser encerrados? A pesar de todo ella los había subido hasta ahí en plena noche y sin ser vistos, ¿por qué?

Al ser una novela narrada desde el punto de un mismo personaje, la evolución en el tiempo se presiente de una forma ligera y continua, ya que siendo una joven quien describe los terribles sucesos dentro de la enorme mansión, la psicología relatada de cada uno de los personajes es bastante directa y cruda.
Cuando el libro tuvo luz verde en las grandes librerías de Estados Unidos a inicios de la década de los ochenta, éstas tuvieron repercusiones por la audiencia, ya que los acusaron de contener temas impropios y poco adecuados para la sociedad. Pues la fórmula que Andrews ofreció para esta saga fueron los temas controversiales sobre el matricidio, incesto y religión.
Se cuenta que su primer gran éxito, Flores en el Ático, tiene algunos incidentes autobiográficos y que algunas experiencias de sus amigos y familiares le ayudaron a hacer la historia, así como sus propios sueños y su memoria.
Siendo adolescente, Andrews cayó de las escaleras y se lastimó severamente la espalda. A pesar de una operación quirúrgica, no fue posible que la escritora quedara aliviada del malestar y tuvo que utilizar muletas y silla de ruedas durante el resto de su vida. Algunos de los personajes de V.C. Andrews tuvieron que estar postrados en una silla de ruedas debido a diferentes accidentes que sufrieron en etapas tempranas de su vida, además todos los libros cuentan con historias de bailarines de ballet.
“Mis pensamientos huían frenéticamente, tratando de escapar de la cárcel y buscar el viento para que me abanicase el pelo y me picase la piel, y me hiciera sentirme viva de nuevo. Anhelaba la compañía de aquellos niños que, allá fuera, corrían como locos, libres, por la hierba pardusca, y arrastraban los pies sobre las hojas secas y crujientes, igual que solía yo hacer en otros tiempos”. (Andrews, 1989).

Es relevante mencionar que debido al éxito de Flores en el ático se han realizado dos adaptaciones cinematográficas, la primera dirigida por Jeffrey Bloom y estrenada en 1987 y la segunda realizada en formato para la televisión por la directora Deborah Chow en 2014.
V. C. Andrews consiguió trasladar a una novela lo siniestro y lo perturbador, deleitando a muchísimos lectores e incitándolos a introducirse a la mente de una adolescente, a pararse en las podridas maderas de un antiguo cuarto para observar desde ahí el transcurso de los años, el crecimiento de cuatro hermosos niños en jardín con flores de papel.
