Si estás desocupado rebasando los 30 es muy probable que seas un fracaso sin remedio. Más, si antes no has trabajado. Con la pereza a flor de piel la realidad llegó a mi puerta. Sin dinero, debiendo el alquiler, sin alcohol, sin mujeres, sin ambiciones concretas, el casero me advirtió:- ¡O pagas o te largas mañana!Tan solo debía seis meses de renta. La gente ya no es piadosa. Al ver como el agua me llegaba al cuello decidí echarme una siesta. Desperté a eso de las 6:00 pm. Debí haber roncado un par de horas. Me levanté y me fui al retrete. Hice un poco de pis, me rasqué el culo. El aroma era repugnante. Decidí meterme a la ducha. Mientras los hilos de agua caían en mí ser pensaba en mis posibilidades. Trabajar en un supermercado envolviendo la mercancía. ¿Chofer de taxi? No tenía licencia. ¿Limpiaparabrisas? Podría ser… Alguna vez conocí un par en una avenida. No les va mal.Cuando la cosa está pelada se juntan unos 100 pesos. Si hay buena suerte 200 a 250 diarios. Mientras me vestía y me ponía a tono pensaba, soñaba. Yo quise ser músico, arquitecto, poeta, escultor. No tuve suerte. A los 17 años me echaron del sistema. Mientras cacheteaba mis mejillas después de la afeitada decidí buscar en los avisos de empleos de los diarios.Bajé a la calle, adquirí el primero que encontré, compre un café de los que venden en bicicleta y me senté en un parque público. Comencé a ojear. Lo mismo de siempre: vendedor deseoso de superación, solo comisión. Cargador, chofer, ejecutivo telefónico, almacenista. Nada me atraía. Además de perezoso yo era delicado: Mi espalda era una taza de porcelana. Al menor esfuerzo, esguince seguro. Hurgando entre la basura habitual miré un anuncio que atrajo mi atención:”Hombre discreto, trabajo sencillo, noches y mañanas, que hable español aunque no sepa escribir. Interesados llamar al número expuesto. Abstenerse viejos y menores”.Bueno, me dije, no estás excluido. Me bebí el café, me acerque al teléfono público y llamé.-Diga…
-¿Sí?, Qué tal, hablo por lo del empleo.
-Ya, ¿Es usted casado?
-No.
-¿Vive solo?
-Sí.
-¿Se considera usted loco o medio tocado?
-Bueno, esa es una pregunta muy ambigua. Depende en qué situación…
-¡Ya ya! ¿Tiene papel y pluma?
-Tengo- respondí.
-Véame en una hora- Colgamos.
Llegué a una oficina nada suntuosa. Toqué el timbre, abrió una mujer ya entrada en carnes, tal vez de unas 45/47 primaveras. Aún aguantaba un paseo. Llevaba unas gafas de intelectual moderna, lucía un vestido sastre ajustado color negro que armonizaba con sus cabellos. -Toma asiento, ¿Cómo te llamas?
-Lorenzo.
-¿Qué sabes hacer?
-Además de pasear, observar y soñar, nada. Me gusta beber y caminar por la noche.
-Me sirves para esto, aunque no quiero que bebas, ¿está claro? -No dije nada.-
-¿De qué trata el empleo? ¿De a cómo es la paga?
– Tienes que acompañar a un chofer, lleva chicas y chicos a hoteles y apartamentos, tú sabes.
-Comprendo. ¿El sueldo?
-400 pesos diarios.
-¿Horario?
-De 8 pm a 10 am.
-Vale. ¿Cuándo empiezo?
-Mañana preséntate por acá a las 7 pm .Tráeme copia de tu identificación y comprobante de domicilio.
-Hecho.Salí con aire triunfante. Estaba claro que sería una especie de segundón del chofer por si la cosa se ponía difícil. Tal vez tendría que lidiar con algunos borrachos o guarros animados a pasarse de listos. Me emocionaba conocer a las acompañantes que llegarían a dar un poco de placer en renta. Me fui directo al apartamento a dormir. Mañana estaría el casero, de nuevo cobrando. Pediría un adelanto en mi nuevo empleo. Tal como lo imaginé, a primera hora estaba parado el cabrón chillando. -¡Abre Lorenzo! Sé que estas allí.- ¿A dónde más podría ir?- Le grité que mañana sin falta le adelantaba algo.- ¡No creo nada! ¡O abres o te saco!Sin contrato a la mano y sin nada que perder azotó la puerta y me enfrentó. Yo estaba aún acostado. Pateó la cama sin contemplación. Me levanté, le tomé el brazo y le aticé con una botella vacía de una juerga pasada. Cayó de bruces al piso. Junté mis cosas en una valija y me largué a la calle. Saludé a un par de compañeros de borrachera. Me dieron un poco de jerez con jugo y un huevo crudo, el desayuno de los campeones. Hoy será un gran día, pensé. Mi primer trabajo formal. Caminé hasta llegar a la oficina. Llegué a eso de las 6 pm. Estaba allí antes de la hora. La mujer me increpó.- ¡Dije a las 7!
– Acá estoy jefa, me gusta la puntualidad.
– ¿Y esa maleta?
– Cosas personales.
– Vale… Espera aquí, a las 7:30 pasará el chofer y seguirás sus instrucciones- Asentí con la cabeza. Aguardé mientras llegaba mi compañero. Leí una revista de chismes, observé las piernas de la jefa, miré un cuadro aburrido, una copia barata de Siqueiros (de sus peores obras). Llegó la hora y el chofer.-¿Éste es el nuevo? – Preguntó.
-Éste es- comento la mujer.
-¿Y qué sabe hacer?
-¡Lo necesario! No hagas preguntas y que te acompañé.No dijimos nada, me subí al auto. El mamón no hablaba en absoluto. Yo intentaba ser cordial. Todo cambió cuando pasamos por la primera chica de la noche. Cabellos rubios oxigenados, cara pequeña, cuerpo ligero, sonrisa tierna. Hablaba con los clientes en su móvil. Entre cortón y vuelta a empezar, le hice un poco de plática. Al principio, muy seca, me respondía. Con el paso de los minutos se abrió, solo un poco.- Así que eres el nuevo?
– Así parece.
– ¿Te avisaron de tus tareas?
– Un poco, dímelo tú.Ella me miró con indiferencia y solo mostró una ligera sonrisa. Llegamos al domicilio. Bajó del vehículo y nos indicó que la esperáramos. Allí estaba de nuevo con el chofer aburrido. Vayamos por un trago, comenté. Me miró con ojos de cabra exaltada.-Aquí no se bebe.
-¡Vamos! ¿Cómo lo logras? – Respondí.
-¡¿Lograr qué?!!
– Aguantar sin hacer nada.¿Cuánto tiempo se lo monta nuestra chica?
– Depende del cliente. Además eso a ti no te incumbe- Me contestó molesto.
– Es de mi incumbencia si estoy acá, esperando- Le pedí un cigarrillo.
– No fumo.
– ¡Vaya hombre! No habla, no bebe, no fuma, es un muerto viviente. Bajé del coche. Amagó con perseguirme. Caminé alrededor, aspiré un poco de aire, me senté en la banqueta. Observé el correr de los carros y sus luces. Me levanté y volví al auto. El chofer me seguía mirando. Se oyeron unos tacones. La chica estaba bien colocada y roja de la cara. Sangraba de entre sus piernas, venía en trance tambaleándose. Me bajé de inmediato, la apoyé a mi hombro. -¿Qué ha pasado nena? Ella drogada, no sentía dolor físico. Reía con pena, sus ojos se miraban perdidos, su rostro lucía solitario, abandonado. Le abracé, ella se apartó de mí y se metió al auto. El chofer me avisó que si no me subía de nuevo se irían de allí. No dije nada, me adentré a la escena del crimen siguiendo las huellas sangrientas. Segundo piso, apartamento 205. Ya verá ese maldito. Toqué la puerta. Se escuchó una voz ronca: – ¡Qué quieres zorra!
– Volví a la carga. Ésta vez no se escuchó nada. De pronto la puerta se abrió, al verme allí un tipo obeso intentó cerrarla. Arremetí con fuerza, entré con firmeza.-¡Allí estas gordinflón!!!
– ¡Mal nacido!
– ¡Te voy a dar!-grité- .
– ¿Tú quién eres imbécil?
-Soy el primo de tu vecino. Te he pillado. Sin dejar que abriera la boca le tundí buen golpe con mi mano derecha, cayó de espaldas y me le abalancé. Le di con saña, agarré un cenicero, se lo estrellé en la nariz. Aulló de dolor. Le di en el estómago, lo volteé y le pateé el culo, luego agarré una silla y se la acomodé en la espalda. El gordo gritaba. Me senté en su sofá a verlo retorcerse “!Mi nariz, mi nariz!” – Ladraba.Me dirigí a su cantina, una barra con espejos, común. Tomé una botella de vodka, me senté en su sillón. Encendí un cigarro. Vi su billetera. Miré su tarjeta; tenía la misma dirección de mi empleo. Estaba frito. Parecía el dueño del changarro. Sonó el teléfono unas 4 veces. Contesté a la quinta. -¿Diga?- ¡Jefe!! ¿Todo bien?- Colgué. Tomé lo que había en la billetera, la botella de vodka y los cigarros.- ¡Te voy a matar cabrón! – El gordo me increpaba aun retorciéndose. Le di un patadón mas, me escurrí de allí como la sangre. Mañana sería otro día. Tenía dinero suficiente para sobrevivir una semana. La noche estaba espléndida. Caminé hacia un hotel del centro, quería llamar a mi antiguo empleo y pedir por una chica. En lo que me decidía le di un buen sorbo al vodka. Tomé el teléfono y llamé.
