El olvido es un túnel muy oscuro

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por septiembre 23, 2016
El olvido es un túnel muy oscuro
El olvido es un túnel muy oscuro

El olvido es un túnel muy oscuro y más cuando se trata de amor. Hermes Moncada nos dice en este cuento que el amor es la luz que lo ilumina todo y eso es lo que guía nuestro andar.

Historias de amor - el olvido es un túnel muy oscuro

La enfermera le abrió la puerta, le dijo a la visitante que si deseaba algo llamara y se retiró. La visitante entró en la habitación, él dormía, vio una hoja de papel sobre el pequeño gavetero al lado de la cama, lo leyó:

«Aquella tarde la lluvia nos empapó por completo. Entramos a un café buscando techo y calor, ordenaste un chocolate caliente y yo un café negro, nuestras manos se encontraron en la mitad de la mesa por amor y por el frío que había llegado hasta nuestros corazones.

Cuando acabó la lluvia, paseamos por el parque. Las hojas de los árboles goteaban, pisábamos los charcos indiferentemente, más empapados no podíamos estar. Recuerdo que compramos paletas, ¡que locura! paletas después de la lluvia; sin embargo, estuvieron deliciosas. Y así paseamos por el parque con las paletas derritiéndose en nuestras manos. Fue simple, pero hermoso.

Aquella tarde la recuerdo tal cual. Recuerdo cómo se sentía caminar con los zapatos mojados. Mis dedos pegajosos por la paleta derretida, tu brazo enganchado al mío; lo recuerdo muy bien, y eso que recuerdo tan poco ahora. Hace unos días vino nuestro hijo y, para serte franco, tardé un poco en reconocerlo. Lucho por preservar el recuerdo de aquella tarde, fue el día que te pedí que fueras mi novia, es uno de mis recuerdos más preciados, y temo que en un soplido más del olvido lo pueda perder, hace tanto que dejé de pedirle a Dios, pero en estas circunstancias uno ya no sabe de dónde aferrarse. Ya te perdí, y no quiero perder lo poco que me queda de ti. El olvido es un túnel muy oscuro. En cambio, la muerte es uno brillante. Solo espero llegar al túnel brillante antes que perderme por completo en el oscuro».

Derramó lágrimas al terminar de leerlo, mientras sacaba un pañuelo de su bolso, él entreabrió los ojos, le dijo: «enfermera, puede traerme un poco de agua, por favor». Ella le sonrió, se levantó y cuando estaba en la puerta lo volteó a ver, susurró: «yo también recuerdo esa tarde» y fue por un poco de agua.

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