
Eres esa suave lluvia maravillosa
que por la noche apenas toca el rostro,
esa tranquila brisa ligera
que acaricia la piel sin barreras;
eres ese milagro de ver las gotas
caer desde el cielo y convertirse en sueños.
Eres esto, lo que se fue,
lo que dejaste, lo que hay en mí,
lo que llevaste contigo;
eres lo que queda,
lo que hay.
Eres esta noche fría abrazando mi cuerpo,
cada escalofrío que siento
cuando doy pasos
por los mismos lugares
que nos vieron mientras
jugábamos al fuego,
con el suspiro que se ahoga lento,
mientras perpetuamos el momento
que no se olvida, que no cambia
ni por un trozo de cielo.
Eres esa suave brisa que recorre el mundo,
que carcome los cuerpos
y que vacía las almas al descubierto.
Eres esa suave lluvia maravillosa
que cada tarde golpea al reloj, allá en lo alto del firmamento.
