
Esa mirada obvia, pero sutil, que tienen las mujeres. Esa gracia de bajar los párpados para en oscuro terciopelo atrapar tu imagen. Esa forma de ver, como una caricia de los ojos untada sobre la piel. Ese ademán de la mirada, líquido deseo que te recorre como si al mismo tiempo te levantaran en vilo solo con la fuerza del instinto. Ese estilo de sopesarte, entre erótico y vulgar. Ese magnetismo para atraerte a la selva de sus labios, sin decirlo. Esa llama que tienen para andar por el misterio e invitarte. Esos silencios de Sherezada que hablan a través de velos. Quiero decir, que te miran de arriba abajo y es como si te barrieran con luz desde sus ojos y quedaras limpio, y entregado. Sí, esa curiosidad que de ti tienen antes de la entrega, cuando con todas las ganas te están diciendo ven, pero espera.
