Esperarte en el lugar en el que sé que no me vas a encontrar

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Esperarte en el lugar en el que sé que no me vas a encontrar
Esperarte en el lugar en el que sé que no me vas a encontrar

Te compartimos un bello poema de Noelia Vasconez:

Cuando era pequeña, iba a un teatro en el que nunca te encontré.

Ahí vivía un hombre que hacía bailar a los títeres para mí.

Decía que yo era hermosa, mientras me servía una tibia taza de agua de anís.

Hablaba de envolverme el mundo en papel tapiz.

Juraba que para cuando yo creciera, él haría todo para mí.

Poemas nuevos - esperarte en el lugar en el que sé que no me vas a encontrar

Mecía entre sus dedos esos finos hilos de colores, y los muñecos de madera me hacían una reverencia.

Yo movía mis manos en el aire, simulando que era una titiritera. Pero mis actos parecían más bien una indulgencia.

Prometí que si te encontraba, nunca caería de nuevo en la demencia.

Mis habilidades eran pocas, nulas, para ser exactos. Pero el hombre me dejaba ayudar en sus actos.

Ataba los hilos, tras bambalinas, y pulía los sombreros sin arrebatos.

Cada hilo era un nervio, cada nervio se conectaba, cada conexión originaba un movimiento. Juntos, formaban un sistema entero con sus complementos.

Poetas jovenes2 - esperarte en el lugar en el que sé que no me vas a encontrar

El hombre murió, y me dejó su viejo teatro. Nunca te pude encontrar; quizás pasaste frente a mi ventana alguna incierta mañana, pero estaba muy ocupada; lo siento, no estaba observando.

Nunca dejé de esperar, excepto cuando ataba algo en eso me liberaba.

Creí que si lo arreglaba, lograría entender cómo colocar mis hilos de vuelta, y así dejar de esperarte en el lugar en el que sé que no me vas a encontrar.

Poemas de amor1 - esperarte en el lugar en el que sé que no me vas a encontrar

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Si un día el amor de nuestra vida decide irse, nuestro corazón no volverá a a ser el mismo; sin embargo, siempre hay que disfrutar de los breves instantes de felicidad que la vida nos otorga, por lo que estos poemas son perfectos para sanar un corazón adicto al amor.

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Las fotografías que acompañan al texto pertenecen a Jesse Herzog.

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