
Su vida transcurrió entre las letras, la poesía, los libros, diversos amores y ciudades como Madrid, París, Buenos Aires y Nueva York, pues Rubén Darío, poeta nicaragüense, fue un infatigable autor así como viajero. Dotato de un espíritu claramente aventurero fue corresponsal del periódico porteño La Nación y cónsul nicaragüense en España. Rubén Darío exploró la vida en sus más diversas manifestaciones, incluso en las menos ventajosas, como lo fue su alcoholismo que lo llevó hasta la muerte en medio de severas alucinaciones cuando contaba apenas 49 años. Ello no fue impedimento para que dejara un legado literario sobresaliente que se puede palpar en sus frases extraídas de sus muchos escritos.

“El libro es fuerza, es valor, es fuerza, es alimento; antorcha del pensamiento y manantial del amor”.
“Pues si te empeñas en soñar te empeñas en aventar la llama de tu vida”.
“Este axioma a toda hora habrás de meditar: la ciencia de vivir es el arte de amar”.
“Sin la mujer, la vida es pura prosa”.

“No dejes apagar el entusiasmo, virtud tan valiosa como necesaria; trabaja, aspira, tiende siempre hacia la altura”.
“La poesía existirá siempre que haya un problema de vida o muerte”.
“Aborreced las bocas que predicen desgracias eternas”.
“Juventud, divino tesoro, ¡ya te vas para no volver! Cuando quiero llorar, no lloro, y a veces lloro sin querer…”

“Pero tu carne es pan, tu sangre es vino”.
“Ama tu ritmo y rima tus acciones; bajo su ley, así como tus versos; eres un universo de universos, y tu alma, una fuente de canciones”.
“Y cuando la montaña de la vida nos sea dura y larga y alta y llena de abismos, amar la inmensidad que es de amor encendida ¡y arder en la fusión de nuestros pechos mismos!”
“No hay dolor más grande que el dolor de ser vivo, ni mayor pesadumbre que la vida consciente”.
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