De Londres se dice mucho y también, en verdad, se conoce poco. Cuando uno lleva tiempo viviendo en esta ciudad deja de ir a los solemnes y tradicionales museos (Tate Modern, Somerset House, V&A) para adentrarse en una metrópoli que tiene mucho por debajo. Después de varias idas y venidas, Londres sigue cautivando. Sea cual sea el propósito de la visita, una costumbre es ir a ver el palacio de Wetsminster y la plaza de Trafalgar, no cabe duda, son lugares históricos. Pero más histórico es ir al Bank of England, ahora convertido en un pub de los tantos Wetherspoons que existen, donde sirven un buen pie con una cerveza de barril para recordar que sobre esa calle y sobre ese mismo lugar, Sweeney Todd le cortaba la garganta a sus víctimas (sobre Fleet Street precisamente).

A unos metros de ahí están las Royal Courts of Justice, y si uno camina unos 15 minutos hacia el norte se encuentra con la biblioteca de Senate House junto a Russell Square. Edificio, que como si hubiera venido de la era soviética, alberga miles de libros en sus siete pisos. A un lado está el Museo Británico, por si uno se ofusca con el olor de tanto libro viejo. Si es domingo, se va a dos lugares: Portobello Road Market y Columbia Road Market. El primero para comprar antiguedades y el segundo para comprar flores, si a uno le importa un bledo las flores, va por el sunday roast del pub de la esquina (The Royal Oak).
Ya adentrados en el famosísimo Shoreditch, a parte del street art y la bola de restaurantes hindús y árabes, uno va por un buen beigel (sí, beigel, no bagel) y para eso está el buen Beigel Bake. De ahí al parque y después a jalársela rico enfrente de las vitrinas de una pastelería. Como verá, querido lector, he empezado a tirar alguna que otra perversión para que se de cuenta de que todo lo que podría hacer en Londres está en eso mismo, en el sexo. Quiere sexo, vaya a Londres. Fin de la historia. Adéntrese en las fiestas de Shoreditch, Brixton, y alguna que otra en Camden.
No, ya en serio, vaya a la vitrina de la pastelería y restaurante, la famosísima London Baking Co., y dígale a una de sus guapas meseras: “muéstrame los pechos, putarraca”. No lo decepcionarán.
