Texto por Mariandrea Sívoli
Te compartimos este texto que refleja la historia de migrantes venezolanos en el mundo, quienes cada día se ven obligados a salir de su país con el único objetivo de sobrevivir. Se dice fácil pero dejar atrás todo aquello que conoces con la incertidumbre de no saber si lo volverás a ver, pesa más que cualquier otra cosa.

Recuerdo tanto los cuentos de mi abuelo, que podría recitar algunos casi de memoria; quizá no tan bien como él lo hacía, pero podría recitarlos. No sólo porque eran increíblemente divertidos y llenos de misterio, sino por esa añoranza en sus ojos cada vez que los repetía, una y otra vez, ahí estaban sus ojos mirando al pasado; ese que él sabía no podría recuperar y que yo aún no entendía lo que algún día significaría para nosotros también.
Hay algunas generaciones un poco menos acontecidas que otras, por ende menos difíciles y más felices. Entre más truncada sea tu historia, comienzas a añorar desde antes. No, no era una cuestión de abuelos, no es que te pones nostálgico de viejo. La nostalgia viene con la tristeza de perder y saber que sólo cerrando los ojos vas a poder volver.
De perder y de volver podríamos hablar mucho. Nuestra generación se pierde y se encuentra en muchos lugares y escenarios, pero nunca el mismo, y tampoco nosotros somos los mismos. Al final, el tiempo no se recupera y nosotros seguimos cambiando y reaccionando al mundo que nos tocó.

Somos una generación de recuerdos. Comenzamos a añorar a los 7, 10, 20, 50, porque no hay edad para emigrar y tampoco para extrañar nuestro hogar. Nunca es fácil ver cómo todo lo que conocías, con lo cual creciste y pensaste que harías tu vida, desaparece. El mundo está lleno de nosotros, los que migramos soñando con algún día volver, y manteniendo la esperanza de no renunciar a todas nuestras metas en el camino; las vamos luchando.
Estos días han sido complicados para los venezolanos, y hasta cierto punto estamos acostumbrados a luchar, retomar la fuerza, que no nos vuelvan a defraudar, seguir sin rendirnos y volver al mismo lugar donde aguardamos con fe, la siguiente voz que nos diga que por esta vez será diferente. Son 20 años de desmoralización y corazones rotos, de familias separadas y casa vacías; son 20 años de sueños olvidados.

Ingenieros, médicos, maestros, economistas, políticos, filósofos, bachilleres, amantes, hijos, padres, abuelos; ponle la cara que quieras a corazones que palpitan de ansiedad al levantarse cada día pensando si mañana todo sería diferente y tal vez, si tenemos suerte para los que puedan pagar el boleto, volver y retomar o recomenzar la vida que dejamos atrás. Que volvamos a encontrarnos de nuevo en nuestro lugar. Nosotros los venezolanos tenemos la virtud de nunca rendirnos, y el pensar que “esta vez será diferente” nos hace tomar un sentido, nos hace mantenernos firmes y soñadores, nos hace pararnos cada día a tomar el celular y llamar a nuestra familia regada en cualquier lugar del mundo. Porque mantenemos esperanza y amor. Y donde estemos, estamos con una sonrisa.
Ser migrante es difícil, algunos tenemos más suerte que otros, pero aún los menos afortunados van creando su propio camino. A los valientes que cruzan caminando con una bolsa en mano, a los valientes que llegan a trabajar en algo desconocido y aún así mantienen su alegría, a los valientes que siguen con sus sueños y sus carreras exitosas dentro y fuera del país, a los valientes que están defendiendo nuestras calles. A todos en cualquier lugar, nadie nos dijo que nuestro destino iba a estar lleno de estos desafíos y tantas despedidas, tampoco nos dijeron que aprenderíamos tanto y tan rápido.

Ser migrante es difícil, y ser un país que recibe migrantes es de personas increíbles. Venezuela está llena de personas maravillosas, provenientes de mezcla racial y cultural de todos lados del mundo. Ahora nosotros en todos lados debemos ser ese pedacito de “más” que demos en retorno a quienes nos reciben, demostrar y aprender, tomar y devolver. Hasta que el día llegue y quizás no todos, pero aquellos que anhelan volver a levantarse viendo la sierra nevada de Mérida, el hermoso Ávila, o nuestras playas de ensueño, puedan volver a estar ahí. Y siempre recordar que cuando ese momento llegue, todos ustedes que nos han recibido en cualquier parte, tendrán un país que los acogerá y dará las gracias por volvernos a ver, y esta vez en una circunstancia mejor.
Estamos llenos de plegarias de una Navidad en casa, haciendo hallacas con los primos y llegando a cenar con mamá. Estamos llenos de tristeza, de ver tantas fotos de ellos que crecen y los cuadros más pequeños, porque somos menos juntos y cada vez un poco más lejos. Estamos llenos de esperanza porque extrañamos tanto como cuanto soñamos volver a estar como antes.
Somos una generación de recuerdos, Vamos por la vida contando nuestros cuentos y cantando nuestras canciones. para que nunca se nos olviden; para que aquellos quienes aún no han visto El Avila o la Sierra Nevada puedan imaginar con nosotros que algún día caminaremos juntos por esos paisajes. Quizás suceda o quizás sólo viajemos en nuestra imaginación. Así como el abuelo nos llevó, para seguir contando con anhelo en los ojos, historias nuestras y prestadas. Pero en el fondo, siempre nuestras.

Si te gustó este artículo sobre la historia de migrantes venezolanos en el mundo, además eres fanático de leer y escribir, envíanos un texto de prueba con un mínimo de 400 palabras a colaboradores@culturacolectiva.com y conviértete en colaborador de nuestra sección de Letras.
Te puede interesar:
Fotografías de John Moore de la migración en la frontera entre Estados Unidos y México
El intento fallido de Estados Unidos para tomar Cuba que puede repetirse en Venezuela
