
Tu cuerpo es el estandarte
que llevo a mis guerras de pasiones,
al campo de batalla,
para pasar por el arco del triunfo.
Armado,
soldado que lucha con ojos cerrados,
que todos lo hacemos
pero en diferentes guerras.
Tú, batallón de pretextos,
de mentiras para vencerme,
para evitarme a toda costa,
para meterme la idea de rendirme.
Luchas con la hidra,
cortándole las cabezas,
pero se te olvida cauterizarlas
y aparecen tres más.
Soy yo, aquel monstruo mitológico.
Nunca había tenido tantas cabezas
y con una sola idea.
Tenerte.
