Por Jacek Yerka, el pintor de los sueños
La rana, el conejo y el lobo juegan en la nieve. Montañas, nubes, suelos y un sol blanco los rodean. La rana salta al conejo, el conejo voltea hacia arriba y el lobo desde su hocico les avienta una estrella fugaz en la cara. Hay un gran destello de luz que me ciega. Ya no veo qué pasa.
Estoy volando, no hay nada alrededor que pueda tocar más que el aire, espero no caerme. Sería una caída fatal, además la nieve está fría. Desde arriba, llego a apreciar la blancura del suelo y a lo lejos veo a la rana, al conejo y al lobo. Son tres siluetas, tres sombras, tres puntos. Uno de ellos salta a otro y éste se queda parado. Luego el tercer punto desprende una luz que le pega a los otros dos. ¿Qué fue eso y por qué sigo subiendo?
Ya tiene unas cuantas horas que empecé a subir. Los animales ya no están. Ni siquiera puedo ver el suelo sobre el que estaban. Creo que estoy en una nube. Me estoy mojando, tengo frío y todo está borroso. ¿Me habré detenido? Ojalá no. Estar en esta nube es triste, me siento triste. Estoy solo, tengo frío, no sé dónde estoy, ni si regresaré y además estoy empapado. Así se siente la tristeza, ¿no? Así me siento ahorita. Me quedo dormido.
Abro los ojos. Nunca dejé de subir. ¿Cómo es que sigo respirando? Ese de allá es el Sol y la que está aquí cerca es la Luna. Y todas esas… Estrellas. ¡Qué diminuto soy! ¿Cómo es que sigo subiendo? Aquí no hay derecha ni izquierda, ni arriba ni abajo. Esto de las dimensiones no lo comprendo por completo. Parece que una piedra diminuta viene hacia mí. No creo que me dé. Está bien, no es tan diminuta. Puede que sí me golpee. Está enorme. Me va a dar, no tengo idea de cómo moverme. Está cerca, muy cerca, cerca en extremo. Cierro los ojos.
Despierto y mis sábanas moradas están sobre mí. Todo fue un sueño y ni lo recuerdo bien. Me levanto de mi cama, voy a la cocina y desayuno cereal. Camino hacia la sala de la casa, me siento y prendo la televisión. Siempre odié la televisión, me absorbe y siento que me empiezo a alejar de lo que es real, de lo que puedo tocar.
En la caja idiota se encuentra otro idiota viendo a tres animales: una rana, un conejo y un lobo. El tipo ve cómo la rana salta al conejo, el conejo la ve y el lobo les dispara una estrella directamente desde su hocico. Parece que el tipo no vio qué pasó y ahora se empieza a elevar. Qué afortunado es. Podrá ver lo que muchos no ven y pensar lo que muchos no pensarán.
¿Qué le pasa a este sujeto? Está espantado, triste, es un miserable. ¡Voltea a ver el Sol, la Luna, las estrellas, el cosmos! ¡Maravilla la naturaleza que te rodea! ¡Deja de pensar en lo que te va a suceder y observa! ¿Por qué no me hace caso? ¡Carajo!. Un asteroide se acerca a él y creo que no se ha dado cuenta de lo inmenso que es. Lo va a matar. Qué bueno. Apago la tele y salgo de mi casa.
En mi jardín nevado me encuentro con una rana, un conejo y un lobo jugando. Montañas, nubes, suelos y un sol blanco los rodean. La rana salta al conejo, el conejo voltea hacia arriba y el lobo desde su hocico les avienta una estrella fugaz en la cara. Hay un gran destello de luz que me ciega. Ya no veo qué pasa.
Despierto.

Por Jacek Yerka
