La vanidad de cumplir 16

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La vanidad de cumplir 16
La vanidad de cumplir 16

Caminaba cerca del café en el que te conocí. Han pasado casi ocho años de aquel encuentro, justo cuando yo leía unas páginas de La tregua. Mi madre me lo regaló antes de mis 16 porque creía que era un número mágico. Los dieciséis. Que porque ya sabía qué era el amor, que porque ya conocía los besos, que porque apenas entraba a la etapa de las fiestas, que porque a esa edad empezaba mi descontrol. ¡Ja! Si supiera lo que pasó después.

Estabas sentado a dos mesas de mí. No había notado tus codos recargados. Lamías la cuchara verde de un napolitano muy dulce. Volteabas a distintas partes con singular arrogancia. Movías tu lengua para limpiar el helado. Tu ceja gruesa se enmarcaba más. Te acercaste y te dirigiste a mí sin respeto, con una confianza descortés que me provocó la ira. Pediste mi número y así sin más, descolocaste mis pobres piernas regordetas. Por debajo del vestido, las medias hicieron unas pequeñas marcas a los costados. Todo por mi vanidad de los 16.

Relatos de desamor 31 - la vanidad de cumplir 16

La mensajería de aquella época me volvía loca. Creer que eras capaz de ver mi expresión facial cuando te respondía y mi cabello largo se movía como si te coqueteara. Hablar y verte parecía el mismo cielo. Te tocaba con delicadeza, te mimaba y regalaba cualquier tontería que se me ocurriera. Escribía cartas con canciones en inglés para parecerte sofisticada.

Las salidas al parque montados en bicicletas se convertían en lo mejor de mi semana. Uno de aquellos días regresamos muy tarde tanto que me costó casi un mes de castigo. No me importó. Nos habíamos ido de picnic bajo la sombra de un árbol enorme. Acariciabas mis mejillas rojizas y entrelazábamos nuestros dedos. Me diste un beso muy suave por debajo del mentón. Temblaba. Quería arrancarte los labios a mordidas y decir te amo con locura. Como cuando sientes cosquilleo en los columpios. Como recostarte un día de lluvia en tu cama solo para escucharla. Como mirar el amanecer en bikini. Como ducharte y sentir el aroma fresco de tu perfume favorito. Como esas cosas que yo amaba de ti.

Relatos de desamor 2 - la vanidad de cumplir 16

Llevábamos 6 meses saliendo pero sin habernos dado un beso de verdad, solo roces dulces. Mi adrenalina permanecía a tope cuando tocabas mi pierna en el cine. Tu familia ya me conocía. Tu hermana se convirtió en una amiga más para mí. Tu madre se encargaba de enseñarme a cocinar mientras mirabas el televisor. Como tener un sueño dentro de otro. Después me llevabas a casa. Tus abrazos fuertes hacían que tu olor se penetrara en mi cabello.

Un día, así sin más, cuando prendía la computadora y los ruidos indicaban que me conectaba a la red, apareció un mensaje tuyo. Explicaste que luego de tus semanas de vacaciones en casa de tus abuelos estabas confundido. No sabías qué hacer. No querías verme. Estaba asfixiándote. Que debería ser paciente. Caí hundida en el respaldo de la silla, lloraba muy fuerte. Mis manos heladas querían buscarte para que regresaras, para tomarnos de las manos como siempre y me pidieras disculpas. No sucedió así.

Relatos de desamor1 1 - la vanidad de cumplir 16

A las dos semanas me buscaste de nuevo, esta vez por teléfono. Tu crueldad fue infinita. Dijiste que salías con alguien más y que habías encontrado por fin lo que buscabas. Que conmigo te divertías, que me habías querido pero que jamás ibas a amarme. No debía aferrarme más a ti porque ya no estarías conmigo.

Hoy, después de tanto tiempo, te veo en ese café, vestido con un traje sastre y sentado leyendo el periódico. Tu cabello relamido por el gel dejaron ver tu aire de egocentrismo. Pero ya no sentía lo mismo. El amor se había esfumado como la vanidad de mis 16.

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Todos tuvimos un amor desenfrenado que al final no funcionó, por lo que te gustará leer esta Elegía para un rockstar. Y si tu alma aún es la de una chica de 16 años, aquí te decimos cómo lograr el perfecto look diario de una hipster londinense.

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Las fotografías que acompañan al texto pertenece a Elisa Imperi

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