“No hace falta conocer el peligro para tener miedo; de hecho, los peligros desconocidos son los que inspiran más temor”.
Para Alexandre Dumas la literatura fue un arma que usó para cobrar venganza en contra de enemigos que generó a raíz de su éxito literario, y que por ende fue blanco de críticas y burlas en contra de los diversos sectores culturales de la época, situación que incluso se precipitó por su carácter extravagante y su enorme elocuencia dentro de los círculos sociales a los que pertenecía.

El autor de Los Tres Mosqueteros contaba con una fuerte personalidad que irritaba por su elocuencia, su jactancia, sus adornos y chaquetas extravagantes; sin embargo, tenía una característica muy peculiar, la cual constaba en que sabía no entrar en una batalla cuando llevaba las de perder, pero aún así jamás permitió que uno de sus ofensores se saliera con la suya.
Su carácter lo dejó plasmado en su novela El Conde de Montecristo, una de sus obras cumbre, resumiendo ese comportamiento de “esperar el momento y devolver el golpe”, tal y como nos lo expuso con el personaje de Edmundo Dantès.

Alexandre Dumas nació un 24 de julio en la comuna francesa de Villers-Cotterêts. Hijo del general francés Thomas Alexandre Davy de la Pailleterie y de Marie-Louise Elisabeth Labouret. Su padre, el “Conde Negro”, era un héroe olvidado de la Revolución Francesa, su historia es un poco complicada, ya que durante su infancia fue vendido por su propio padre para regresar a Francia y recuperar su fortuna, quien después de obtener su herencia regresó a Haití para liberar a su hijo y se lo llevó a París a los 14 años.
Ya en la metrópoli, el padre del escritor recibió entrenamiento en la academia de esgrima de Versalles, convirtiéndose rápidamente en uno de los mejores del país, lo que le abrió la puerta para ingresar al Ejército y destacar como estratega durante el proceso de la Revolución. El general murió de cáncer cuando Alexandre Dumas tenía cuatro años.

El “Conde Negro” fue víctima en repetidas ocasiones de actos raciales, una herencia que le dejó al polémico literato, quien fue injuriado por resentidos, calumniado por chantajistas y herido, también, por comentarios racistas.
Una anécdota referente a su situación cuenta que en un salón, uno de sus enemigos se dirige a él en estos términos: “Dumas debe saber algo sobre los negros con toda la sangre negra que fluye por sus venas”, ante el comentario, los presentes quedaron en silencio, pero el agraviado, sin levantar la voz, respondió: “Sin duda, mi padre era un mulato, mi abuela era una negra y mi bisabuelo un mono. Como usted ve, mi familia comienza donde termina la suya”.
Con esa respuesta queda más que evidente que Dumas se caracterizó como Edmundo Dantès en el Conde de Montecristo, es decir, un gran tipo que trata de reparar, como un justiciero, los agravios que se le han infligido.

Otro relato acerca de la leyenda de Dumas reza que a la edad de cuatro años cuando perdió a su padre quiso tomar venganza hacia Dios, ya que tras anunciarle el fallecimiento, como forma de ánimo y resignación, le dijeron que a su padre “se lo había llevado el Señor”.
Al conocer la noticia tomó el fusil paterno, subió la escalera y encontró a su madre en el primer piso, quien salía llorando de la cámara mortuoria:
-¿Adónde vas con el fusil?
-Voy al cielo.
-¿Cómo que al cielo?
-Sí, déjame pasar.
-¿Y qué vas a hacer en el cielo, mi pobre niño?
-Voy a matar a ese Dios que ha matado a mi papá.
Con tan solo cuatro años, Alexandre ya buscaba ajustar cuentas -con el mismo Dios-, pero sólo los años le demostraron que no se puede mata a Dios. Sin embargo, su venganza hacia el celestial la llevó a cabo por medio de la literatura, a través de sus novelas, ya que lo hizo con las 637 obras que escribió con un total de 37 mil 267 personajes diferentes, a los que él inventó uno a uno y a lo que supo dotar de cuerpo y de un alma. Como Dios.
A Dumas se le considera como el pionero del Romanticismo teatral francés debido a sus personajes pasionales y orgullosos. Cuenta con un registro aproximado de 23 recopilaciones, convirtiéndolo en uno de los escritores más prolíficos y populares de su época y de Francia. Sus obras han hecho soñar a muchas generaciones con batallas épicas y la vida en la corte, mientras que sus personajes se califican como héroes de la infancia y juventud.
