
Al morir la tarde,
no brilló ninguna estrella,
cerré los ojos,
y te pensé.
La sal de mis lágrimas
se confundió con el saludo
a las nereidas.
Como la lluvia del trópico
mi llanto comenzó a mojar
las deidades descendentes
de piedra caliza y coral.
Lejos de ti
crece mi sed,
abro los ojos,
sólo la nada,
sólo la oscuridad.
***
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