La única persona que siempre estará con nosotros es aquella a la que vemos por primera vez a los ojos:
‘Carta para mi madre’
A partir del 2 de diciembre de 1992 a las 10:30 pm, cambié su vida.
Primogénito, su sonrisa me hizo llorar de alegría apenas vi luz, sabía que el tiempo
de espera valió la pena.
Fueron meses de aprendizaje para ella, me anhelaba con ansias.
Su miedo a veces me lo transmitía, con una patadita le hacia sentir que me tenía con ella, nada iba a salir mal.
Fui paciente. Era amor lo que fluía por mis venas, vida lo que sentía dentro de ella.Para la fecha en mi país habían conflictos políticos. Mi padre por cumplir sus obligaciones como funcionario de Las Fuerzas Armadas estuvo ausente.
Mi madre quedaría sola en una sala del hospital. Triste por no sentir compañía de su esposo ni de algún familiar, pero feliz de verme ahí, inquieto y dormilón a la vez.
Era su motivo para sonreír ante las circunstancias que se vivían en Venezuela.

Desde ese momento empezamos a ser tú y yo.
Yo tu apoyo, tú mi guía.
Fiel testigo de tu lucha y trabajo inagotable.
Me regalaste la mejor infancia a pensar de las responsabilidades que ya tenía.
Me enseñaste valores, los mejores. A perdonar y a pedir disculpas, aunque siga de necio, no te cansas de repetirme que el odio y rencor es dañino, no deben ir conmigo.
Me diste libertad como un ave lo hace con su cría.
El mayor de tres hermanos, el hombre de la casa con sólo 10 años.
Como una leona que deja a su bebé para enfrentarse a la vida, desde niño me enseñaste que debía trabajar y luchar por las cosas que quería, que nada me lo regalarían y que si me lo proponía grandes cosas alcanzaría.
Aquí sigo y no me quiero detener, mamá.
Ahora soy yo quien te quiere devolver todos aquellos años de tanto trabajo y cansancio por días de tranquilidad y santa paz como siempre lo has querido.
Quiero ver esa cara de felicidad en mis ojos, la quiero mantener ahí en mis pupilas, como aquel día que llegué a tus brazos y te cambié la vida.

Es mi admiración total, a carta cabal.
Sin discusión, respeto y amor infinito.
Es mi amor perpetuo.
La amo tanto que no me gustaría que el tiempo pasara tan rápido, unos 100 años más a mi lado estaría bien, mamá.
Eres mi voluntad día tras día, por ti lo que fuera hasta devolverte la vida.
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El amor de una madre es incondicional, pero algunas veces se vuelve obsesivo; las siguiente películas de terror te demostrarán que tu madre es tu peor pesadilla.
