Los Poetas

2 min de lectura
por
Los poetas
Los Poetas

Hay, al menos, dos tipos de poeta. Unos son sagrados y otros malditos, y la mayoría aburridos. Unos son caballerosos con el lenguaje y otros violadores del mismo, y la mayoría pretenciosos. Unos sólo hablan a través de descripciones alegres, metáforas lindas y versos que no dicen nada, y otros a través del sufrimiento, el odio a la vida y la muerte como compañera. Los primeros son idealistas, románticos y metafísicos; los segundos son realistas, desgarradores y pesimistas. A los primeros los guía la moral y su reconocimiento social, a los segundos los guía el instinto y su rechazo social. A los primeros los llamo “Poetas institucionales”, y a los segundos “Poetas antisociales”.

Poetas - los poetas

Los institucionales. Los que se abruman por las palabras, por encontrar la expresión original, por embellecer el lenguaje para evocar sonrisas espirituales de un mundo ideal; de un mundo bonito, sublime y feliz, en el que la oscuridad y la tragedia son censuradas, veladas por ellos mismos en su sometimiento a la idea de que la poesía sólo es forma. No les importa el contenido y nunca dicen nada, pues no se comprometen con nada. Agotan su creación, y se agotan a sí mismos, en el maquillaje lingüístico de los mismos temas que las canciones de amor. Su uso del lenguaje es tan florido como falso, y tan aleccionador como hipócrita; su objetivo es la adulación por sus fórmulas vacías y versos morales. Poetas que consideran las groserías como malas palabras y las verdades como armas contra su propio dogma y autocomplacencia intelectual. Escritores falsos, inauténticos y cobardes. Poetas del estado, de la iglesia o de las instituciones burocráticas de la cultura. Un diploma, un premio y el reconocimiento del status quo artístico: la santísima trinidad de estos intelectuales de la rima.

Los antisociales. Los locos, los excéntricos y los feos; los parias. Los que gritan sus pensamientos y se emborrachan de versos que luego no recuerdan —sólo a través del viejo cuaderno. No recuerdan nada después del nirvana, con el desprendimiento poético llega el dolor, y con el dolor llega la calma, la liberación del alma. Los que sólo con el sufrimiento existencial danzan, y aman, y se entregan a sí mismos las declaraciones de su alma liberada. Sin filtros racionales o criterios métricos. Estos poetas no piensan lo que hablan, lo que escriben; simplemente hablan. Lidian con sus emociones y su relación con el mundo, las vísceras del ser; escarban sus sentimientos y éstos les responden lingüísticamente, y eso es lo que escriben en el viejo cuaderno —aunque luego no lo recuerden. Sin embargo, siempre escriben, no importa si hay papel o tinta, siempre escriben en la mente; ya luego quedará impreso en el viejo cuaderno, la pared rayada o en una hoja de estraza.

Ambas caracterizaciones del ser poético proyectan algo más que arquetipos de la poesía, pues constituyen, en lo fundamental, dos diferentes, y contradictorios, modos de ser del arte. El primero es elegible, el segundo es innato.

Hate bus
Historia anterior

Hate Bus, la combi nazi de los años 60

La cerámica tiene un nuevo nombre: arta
Siguiente historia

La cerámica tiene un nuevo nombre: Arta

Lo más reciente de Letras

× publicidad