
Me gusta esperarte
Y sentir la emoción de que estás por venir,
Me gusta imaginarme
Cómo lucirás,
Cuán hermosa vendrás,
Pero sobre todo
Cómo será tu sonrisa al verme.
Cómo será mi sonrisa al verte.
Cómo brillarán nuestras miradas ante el inminente encuentro.
Me gusta estar contigo,
Sentirte cerca,
Sentir tu presencia.
Saberte ahí.
Me gusta saberte nerviosa cuando estás a mi lado.
Sentir tu calor,
Escuchar tu respiración,
Mirar las goticas de sudor en tu labio superior.
Me gusta mirarte a los ojos
Porque son un laberinto donde quiero –y puedo- perderme.
Me gusta mirarte porque tu mirada es adictiva,
Porque tus ojos son profundos
Pero sobre todo sinceros.
Un portal a tu corazón.
Me gusta mirarte sin parar
Hasta que el saberte descubierta en tus emociones te hace dejar de mirarme.
Me gusta mirarte sin parar
Hasta que el saberme descubierta en mis ganas de besarte me hace dejar de mirarte.
Me gusta contemplar tu boca,
Tus labios delgados y rosados
Como una pequeña, rica y jugosa fruta a saborear.
Me gusta mirar tu cuerpo
Porque es un templo para el amor,
Me gusta rozar tu piel “por casualidad”,
Sentir tu olor,
Sentir la energía que emana de nuestros cuerpos al acercarnos.
Me gusta acariciarte
Porque tu piel es un paraíso de sensaciones.
Me gusta sentir mis manos en ti,
Tocar tu piel suave y
Saber que lo disfrutas.
Sentir que tu piel y tu cuerpo reaccionan a mí.
Me gusta cuando llegas
Porque transformas mi día.
Y aunque me gusta menos
También me gusta cuando te vas
Porque vuelvo a imaginar cómo vendrás.
No importa el sexo, el color de piel u otras diferencias, pues cuando nos enamoramos, esas nimiedades pierden sentido, tal como el poema Cuando es amor nos recuerda.
