La única manera de conocernos es reflexionar sobre lo que sentimos y lo que nos rodea:
Escuchas eso,
sientes soplar el viento.
Total calma.
Sin luz,
a solas
sobre el camino
sin poder ver.
En sigilo.
Un murmullo de aves.
El aire que chilla
y mi cuerpo congelado.

Mi mayor demonio
crece, me aplasta.
El latido va lento
casi no respiro,
laberintos negros
uno a uno
me atrapan.
Con el aliento
mínimo que resta,
levanto los 21 gramos.
Los rearmo.
No hay dolor.
No falta nada.
No sobran piezas.

Ligera emprendo
un vuelo nuevo.
No hay más.
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El miedo a vivir nos convierte en personas imposibilitadas para disfrutar de lo que nos rodea, por eso es necesario que rompas las cadenas y “vivas tanto que el corazón te insista en amar”.
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Las fotografías que acompañan al texto pertenecen a Sophie Van der Perre.
