Museos y galerías en el D.F, el medio es el mensaje

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por junio 20, 2014
Museos y galerías en el d. F
Museos y galerías en el D.F

Por Ricardo Pineda | Co-editor de Freim

Si bien la Ciudad de México atraviesa por un momento sano en cuanto a cantidad y calidad de espacios, y artistas contemporáneos se refiere, es importante señalar que no importa la belleza y magnitud de los espacios, siempre y cuando exista un discurso sólido y un trabajo constante detrás de ellos.

Para fortuna de muchos y descontento de miles más, el arte abstracto y conceptual goza de cabal salud en nuestro país, a pesar de las eternas burocracias, la falta de niveles críticos y de lectura al respecto. Las quejas nunca sobran: que si el MUAC es sólo un Elefante Blanco, que si la Galería Hilario Galguera o la Kurimanzutto resultan una mala suerte de élite del arte en México, etcétera.

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Lo cierto es que el arte, más allá de si es un asunto que atiende a apreciaciones y bagajes contextuales, es una vertiente que requiere de un esfuerzo considerable por parte del espectador para poder entablar un diálogo con la o las obras y los artistas. Requiere de una ausencia de prejuicios, de tirar esas ganas irrefrenables por “comprenderlo” y sobre todo por dejarse impregnar por nuevas experiencias.

Uno tiende a destruir aquello que ama. Cuando inauguraron el MUAC en 2008, el discurso incansable del museo se tendía hacia lo cosmopolita: que si el MUAC era nuestro MoMA, que si México ya estaba a la altura de cualquier metrópoli del arte y demás. ¿El resultado? Que mucha gente va y comprueba que no es así, que el arte y los espacios mexicanos se encuentran con muchas trabas a la hora de tener una curaduría de calidad todo el año, la gente se queja de que no entiende las obras y los asiduos se encuentran dos o tres veces con las mismas.

Aquel error de lo cosmopolita no lo cometió el Museo Jumex, sin embargo su ubicación parece una limitante para el público no especializado. Las quejas van desde el elitismo social hasta la inaccesibilidad de sus lindes. Ya no se diga de las galerías y los sitios efímeros que fungen como espacios de exhibición. Lo cierto es que el ejercicio artístico (amén del feo término) requiere del esfuerzo y la constancia de todos sus actores: artistas, curadores, equipo técnico, medios y crítica especializada, empresas y patrocinadores, pero sobre todo del público, el que requiere aportar una sensibilización indispensable para reconocer el esfuerzo que suele hacerse a nivel artístico, y hacer conciencia de que suele hacerse mucho con poco.

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Esto no implica que debamos aplaudir todas y cada una de las exposiciones que vienen por parte de las galerías medianas (Toca, Yautepec, Luis Adelantado, etc.) o del Estado. No significa que nos casemos sólo con el MUAC, el MUNAL o el Museo de Arte Moderno, el Museo Frida Kahlo o el Dolores Olmedo. Implica sí el valor crítico y la mirada con criterio, pero también un proceso de adecuación y, repito, sensibilización. Ahí está la clave.

El Museo Jumex, Kurimanzutto o el Eco son lugares maravillosos, una obra en sí misma, espacios fantásticos que embellecen y generan una congruencia discursiva. Pero no son los únicos, y en la medida en la que uno como espectador frecuente esos sitios, los comprenda desde sus sentidos, se podrá tener un apropiamiento palpable e ineludible, se podrán generar niveles más complejos de lectura y, entonces sí, se generarán esos espacios con los que sueñan los exquisitos, se dejará de comparar con el extranjero y se mirará al D.F. como una capital importante en el espectro artístico, cosa que ya se es y sucede desde hace décadas en nuestro país.

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Para algunos, estas líneas parecerían una obviedad, sin embargo nunca está de más recordarlo y subrayarlo, enfatizar que los espacios han sido un devenir imperante de nuestras necesidades culturales, intelectuales y, si se quiere, hasta espirituales. Pero si no salimos a tomar el colectivo, pagar una entrada y conocer más de las obras, será muy difícil apreciar el arte contemporáneo, comprender las diatribas entre puristas de la pintura y el arte figurativo para con las vanguardias estéticas multidisciplinarias. No todo lo debe explicar la hoja de sala, no todo nos lo debe brindar el Estado paternalista y esperar a que las cosas sucedan sería el principal error que nos ancla.

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Hay muchas trabas que resolver. Mayor crítica y textos que expliquen (ni modo), un acercamiento más amable con las distancias y las diversas economías imperantes en el público masivo de las periferias, presupuestos atorados, descuido en los espacios, etc. Visitar los museos y galerías de arte contemporáneo en la Ciudad de México es una experiencia sin igual, todo depende de nosotros.

García Ponce hablaba del momento del arte, ese que sucede no cuando se está frente a la obra, sino después de él, cuando vamos en el camión y descubrimos que la obra permanece y nos cuestiona, nos habla y altera nuestra cotidianeidad. El hábito de la investigación y la recurrencia de las visitas nos darán herramientas para cuestionar de mejor manera aquello que anteriormente no conocíamos y de tajo descalificábamos. 

 

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