Triste razón.
Yo en verdad quisiera
que alguien como yo existiera,
yo de verdad quisiera
que hubiera alguien que como yo amara.
Es que esa noche solitaria,
cuando me dejaste plantado
a pesar de saber que no irías
me quedé esperando.
Es que en esa noche solitaria
hablé con mi alma despedazada
debajo de una luz poco notoria
sobre el lago de la marejada.

Es cuando reflexioné
sobre la vida y mi estupidez
ya sabía que otra vez
no estarías y sólo me ilusioné,
que en medio de la lluvia torrencial
yo me quedaría como todo un fiel
rezando en voz baja
para ver tu sonrisa clara.
Es cuando pensé
que necesito alguien
que como yo, piense
que ese alguien
pueda amar sin dolor,
pueda dar sin temor
un sentimiento fiel
como aquel
con el que te esperé
con el que recé.
Que ingenuo soy
al creer que con sólo hoy
tú podrás cambiar
que yo te voy a perdonar
en creer que será igual
o hasta mejor de lo normal.

Pero reflexioné
sobre la vida y mi estupidez
pero ya lo pensé
y qué bueno que ya no vienes.
Yo quisiera
que alguien como yo existiera
yo de verdad quisiera
que como yo, alguien amara.
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Decir adiós no es fácil, más si es a la persona que creíamos era el amor de nuestra vida y jamás volveremos a probar sus labios… pues como dice el poema “Tú nos sabes lo que calienta un beso en el alma cuando el corazón tirita de frío”.
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Las fotografías que acompañan al texto pertenecen a Noel Alva.
