Hay cosas que no podríamos explicar si no fuera por medio de las letras; Antonio Mussó nos comparte este poema que nos lo demuestra; continúa leyendo…

Podría haber probado muchos labios a lo largo de los años, o derramado lágrimas en las más oscuras noches, avivar mi llama de la cólera y apagar el eléctrico sabor de la pasión.
El día en el que me acosté a tu lado, fui copiloto de una aventura sin comparación, nos servimos como extremistas en nuestro arrebato y por el furor de la emoción.
Volverte adicto a mi sudor me dio ventaja sobre tu conciencia, incitaba tu sonrisa con movimientos de mis caderas y aullidos con mis dedos cuando, escarbando, llegaban a tus botones de reinicio, que ventajosos, se encuentran regados por cada una de las vértices de tu cuerpo.
Recuerdo tu silueta y el vapor que se aferraba en el espejo, que servía como puerta en el baño; el agua fluía, tu cuerpo se enfriaba y tú te empeñabas en arrastrarme dentro, en esas lujuriosas paredes, blancas como la porcelana, transparentes como nuestro amor.
Loco. Irracional. Una inescrupulosa sensación.
Estaba mal, estábamos mal. Dolía, pero dolía tan bien. Una mirada, una ceja arrugada, o la boca semi abierta que dejas cada vez que, con mi fría lengua, rozo tu piel.
No me voy enamorar. No lo harás. No nos enamoraremos.
Palabras sin significado que nos repetimos por puro protocolo.
En un claro del día, mientras afinada las antiguas teclas del piano de mi casa, te acercaste a mí, y como puntos polares de un imán, mis poros, mis sentidos y mi vista se magnetizaron lejos de ti.
No soportaba verte, admirarte y perderme en el frondoso mecer de tus sabios consejos y de tus truculentos artificios.
Me quedaba porque así me lo pedías.
Me marcaba porque así lo querías.
Te hacía remorder las sábanas porque así lo deseabas.
Todo se desentrañaba dentro de las sábanas, dentro de nuestro rincón oscuro.
Secreto a voces, enrarecido por las nuestras y callado por nuestros besos.

Me castigo con la idea de renunciar. Pero no podría despedirme de tus labios sin antes haberlos besado, no podría alejarme de tu piel sin antes haberla hecho mía, no podría renunciar a ti sin antes haberte amado. Pero no lograría hacerlo, no después de haberme amado y de haber renunciado tu primero.
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Sensaciones confusas que no tienen explicación, personas que nos llenan tanto como nos vacían…los sentimientos que ahogan el alma son confusos y extraños, son únicos y, a veces, sólo tenemos la poesía para curarnos; te compartimos 7 consejos para escribir poesía y no morir en el intento.
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Las imágenes que ilustran el texto pertenecen a Jared Tyler; conoce más sobre su trabajo dando click aquí.
