A veces los finales no siempre son tristes, como el siguiente relato de Guadalupe González:
Sentía como cada centímetro de mi piel se erizaba, estaba ahí, de pie. Tenía las manos sudadas y las piernas me temblaban, era como si no fueran a responderme y yo debía caminar hasta donde estabas tú. Te vi a lo lejos y lucías tan nervioso como lo estaba yo. No pude evitar recordar aquella ocasión en que te vi por primera vez, no fue la mejor forma de conocerte. Yo lucía empapada por la tromba que me había caído encima y tú, no pudiste ocultar los nervios que te invadían, pero lo hacía más tu risa. Me molesté mucho y me marché. Fue cuando armado de valor llegaste hasta mí y me pediste mi número de teléfono. Ahora sonrío, ese era el momento que la vida tenía destinado para mí y yo no podía siquiera sospecharlo.
Sigo de pie, aunque no quisiera, el tiempo transcurre, los nervios me siguen invadiendo. Ahora recuerdo la primera vez que peleamos, me rompiste el corazón. Me hiciste creer que ese tiempo separados sería para siempre, te grité, lloré, sentí que la vida se acababa cuando te miré por la ventana de la casa. Ibas furioso, no podías comprender el porqué de mi manera de actuar. Me pediste respuestas, no pude dártelas. Quería correr hasta donde tú estabas para abrazarte y pedirte perdón, pero en ese momento mi orgullo me invadió y te dejé ir.
Toda la gente me mira, algunos sonríen, otros sorprendidos y curiosos se quedan cerca de mí, eso me pone más nerviosa, y río sin querer, son los nervios. Ahora recuerdo la primera vez que te consolé, estabas devastado después de perder a tu mejor amigo, pocos entienden que las mascotas también ocupan un lugar especial en nuestro corazón. Lloraste tanto que te quedaste dormido en mis brazos, y cuando despertaste, más tranquilo, me contaste lo importante que había sido ese perrito en tu vida. El gran amor que sentiste cuando tus padres te lo regalaron al cumplir ocho años, y el dolor que era para ti verlo sufrir con el pasar del tiempo. Te seguí consolando y así pasaron las horas hasta que logré hacerte sonreír de nuevo.

El reloj marca tres minutos para las siete de la tarde y yo sé que debo empezar a caminar hacía tu encuentro. Los nervios me invaden más y entonces recuerdo el día más feliz de mi vida. Estabas frente a mí, muerto de nervios y con una gran sonrisa, te temblaban las manos, no sabías qué decir. Yo también estaba contagiada de tus nervios, porque odio las sorpresas y tú no decías más. No sabía qué me pedirías y yo, veía lentamente los minutos pasar, aún puedo sentir todas esas mariposas dentro de mí, fue espectacular.
Suena la música, mi padre se ha puesto a mi lado, tengo entre mis manos un hermoso ramo de flores, las zapatillas me hacen sentir insegura. El rostro de mi padre no me ayuda, sé que está feliz, pero también noto un poco de tristeza en su mirada. Soy su hija y ahora ya no me siente tan suya. Empezamos a caminar, estoy aún más nerviosa, más fría pero más feliz. Entonces comienzo a mirarte más cerca. Te ves tan guapo, esa sonrisa que tanto me gusta es tu mejor adorno, espero que mi esmero por conseguir el vestido que ahora traigo puesto se vea reflejado cuando me tengas enfrente. Yo sólo deseo lucir hermosa para ti, porque es el día más importante de nuestra vida en pareja. Te amo y lo sabes. Ahora te sonrío, te veo cada paso más cerca y, aunque no veo tan claro porque el velo me estorba, sé que nuestro sueño está próximo a cumplirse. Miro a papá, le sonrió, entonces los recuerdos me invaden y sin querer una lágrima me rueda en la mejilla, me sonríe y me aprieta la mano que llevo bajo su brazo.

Hemos llegado hasta donde estas tú. Mi padre me toma la mano, me mira y besa mi frente, está orgulloso pero no puede evitar su tristeza. Te mira a ti y te da una palmada en el hombro izquierdo. Yo sé que te quiere, pero ahora te tiene envidia, porque vas a quedarte conmigo y a él, lo veré esporádicamente. Nos tomamos de la mano e iniciamos nuestro camino juntos hasta donde están nuestros lugares. Estamos felices, seguros de que queremos un “para siempre”. Hoy, esta cita es el día de nuestra boda.
**
Es cierto que no todas las historias de amor terminar con un final feliz, pero éstas te dejan nuevos aprendizajes; sin embargo, a veces es necesario guiarse de algunos consejos o libros para que tu relación funcione, como el crudo cortometraje que demuestra el lado más pasional y salvaje de una relación de pareja.
**
Las fotografías que acompañan al texto pertenecen a Photomicona.
