Cuando dos asteroides colisionan viene un silencio, la nada y después todo: creación, resurgimiento, una nueva naturaleza para ambos cuerpos que, al encontrarse, se han roto, se han expandido…han surgido nuevamente. Lo mismo sucede con dos almas que se encuentran en un camino; después de la incertidumbre después del choque, ambas personas van dejando pedazos de sí cerca de las manos, de las miradas, de los pechos que albergan cientos de constelaciones que sólo los iluminan a ellos.
Este nuevo poema en prosa de Gamaliel González nos lleva a viajar por el universo corporal de la persona que se ama:

Qué importa quienes dicen que los contratos en el amor deben ser parejos, no busques expresarte por el “qué pensarán” las otras personas. Te había dicho que te quiero regalar planetas, ya no sé, ya no bastan similitudes, tengo tantos universos para darte, pero algo he aprendido, no es suficiente nada cuanto das; siempre es mejor construir, se cuida más. Todos los poemas no alcanzan para describir tu belleza y decirte que tienes el cabello tan lindo. No bastan las centellas, las supernovas, las nebulosas de colores, las galaxias, los cometas que existen en tus ojos, el panal de abejas que tienes en el cabello.

Hay un montón de cosas que no conozco y quiero conocer de ti. Simples detalles, por ejemplo, si tomas el café por la mañana, si en el transporte lees un libro mientras suspiras, si esperas a que llegue la lluvia para sentirte triste. O no lo sé, podrías ser de las mujeres que tienen el “Fuego helado de Orión” en la cara, y unos cuásares por manos. Sé que eres tú, a la que le gustan las letras, la que no se complica la vida en buscar personas por medio de las hojas que lee, y las compara.
Muchos deben querer conocerte. Y sé que las dudas te agobian, si de verdad estarán enamorados de ti, o simplemente te acompañan. No lo sé. Algunos deben terminar anclados en el mar de tus mejillas, pero ojalá que no, yo quiero estar ahí. Quiero de tus canciones tu boca, tu canto, la felicidad de tararear tu canción favorita mientras vamos por un helado, o si quizás alguna vez, yo pueda ser tu pata de conejo, tus gotas de luna, tu buena fortuna.

Pareces el fin del mundo
Yo te veo y pareces impenetrable, eres una mujer fuerte que no deja entrar a nadie, pero sé que un día lo harás conmigo: no me puedes querer con todo el manto de estrellas que te protege. Pero yo de poesía no vengo a contarte nada, muchos chicos debieron construir ciudades para alcanzarte, puentes para rozar tus labios. No te puedo contar nada porque tú eres poesía y no desapareces. Te quiero llevar de la mano y no puedo ahora. Me limito a sonreírte, no sé si cuando te conozca tengamos el coraje de construir la vida, de susurrarte al oído, tomar una copa de vino. Prométeme que vamos a intentarlo, y sin pedir permiso, hacer de este mundo nuestro lugar favorito.
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Si cuando te enamoras esa persona te hace sentir universos y estrellas revolotean dentro de tu estómago, te dejamos Planetas que se juntan. Los lunares forman constelaciones, si las de tu pareja también lo hacen, debes llamarle algo así como Una galaxia personal, tal vez ellos te inspiren a escribir un nuevo poema sobre la piel.
