A Esmeralda.
Estás callada, y no tiene nada de malo estarlo. Sé que sonará trillado, pequeña, pero basándonos en la ciencia médica, el corazón no tiene ninguna relación con el amor, pero claro, no debemos ser realistas y menos en cuestiones románticas, así que está bien que sientas y que grites que te duele el corazón.
Suspiras cada día que crece la brecha que te separa de la grandilocuencia que fue estar al lado de esa persona, y puede -es el riesgo en los corazones rotos- que sientas que lo que te separó de esa persona comience a difuminarse, y veas el perdón tan palpable que el dolor lo olvides de la misma manera.
No es que sea malo pensar que las cosas rotas puedan, y deban, ser arregladas, pero ¿no sería mejor si en primera instancia procuráramos no romper nada?
Meditar en cómo arreglar un corazón roto es en vano, nadie nos prepara para el dolor.
Nuestros padres nos pueden impulsar a amar, pero nunca nos contarán sobre el desamor. ¿Será que el dolor que ellos vivieron aún les afecta? Y sí, nada más que la pura verdad, un corazón roto jamás dejará de doler. Nunca.

Extrañar no es reflejo de debilidad, es la clara muestra de que eres una persona que supo amar; sé que atizaré la llama del sufrimiento, pero debo decirte que todo te recordará esos momentos: desde una mañana fría que con su tenue brisa se cuele entre tu piel y te haga falta ese abrazo cálido; como cuando observes con atención a las aves volar juntas; pensarás en los planes que tenías a su lado y se verán perdidos en el aire.
Extraña, sí, pero no añores, que por definición es la invasión por la pena de la ausencia de alguien; eventualmente puede que te destruyas.
Ríe entre lágrimas, combina la máxima expresión de existir en éxtasis con el sello eterno de lo que es expresar el dolor. Encuentra el punto medio en que ambas emociones puedan convivir en ti, pues un corazón roto está lleno de risas y de lágrimas, pero nunca de silencio, ya que cuando eso ocurra habrás muerto.
Ama nuevamente, no una pareja nueva, no a un amor que vayas a buscar descontrolada, o que regreses por uno que yace en las cenizas del olvido; no te atrevas a lacerarte en volver con el que te ha provocado el reciente mal, no. Ama nuevamente, pero ámate a ti misma. Ámate como te gustaría que te hubieran amado.

La culpa no es tuya y puede que, a pesar que pienses lo contrario, ni de la persona que te hirió.
No culpes.
Al culpar te obsesionas con ese sentimiento, y no dejas de pensar en que alguien cometió un error, pero el verdadero error es no haber sentido nada en absoluto.
Ama tus errores.
De ninguna manera pienses en rendirte, todos nacimos para conocer el dolor y eso debe darte la fuerza para que no te rindas; toda herida deja una estampa, pero también un aprendizaje, si no bajas las manos ante un corazón roto, nada te hará hacerlo.
Por favor no te rindas, aunque una noche no veas la luna y el sol se niegue a darte calor, y la lluvia se atreva a no mojarte, y las caricias no te reconforten, y un beso no te haga sentir amada; no te rindas, porque ese corazón tuyo nunca lo hará hasta que dejes de respirar; ayúdalo a seguir, a levantarse, y él hará lo mismo contigo. Están juntos en esto, cúralo, ámalo, abrázalo y dale las gracias, pues no ha parado de sentir.
A decir verdad eres alguien que el dolor ha forjado, yo sé al igual que tú, que estás orgullosa de tu vida. Así como en el amor, la vida carece de reglas y dictámenes, y el destino guarda cientos de nuevas experiencias en las que romperás las reglas y los convencionalismos.
Espero que cada golpe que recibas de aquí en adelante, cada lágrima provocada por alguien que no supo valorar tu mano, cada desasosiego, e incluso cada pensamiento sobre esfumarte de la Tierra, te dé el suficiente coraje y la fuerza para sacudirte todo lo que te atormente y empieces de nuevo, y vuelvas a sonreír sin dolor, pero sobre todo, vuelvas a amar.
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El amor, la desilusión y los corazones rotos nos hacen ver la vida de diferente manera a como la percibíamos en un principio, pues abren un canal en nuestro espíritu que desconocíamos y que a través de él, inspira a mirar más allá de lo convencional.
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Las imágenes que acompañan el texto pertenecen a la fotógrafa Angie López, conoce más sobre su trabajo en su cuenta de Instagram.
