Vida, mi vida, déjate caer, déjate doler, mi vida, déjate enlazar de fuego,
de silencio ingenuo, de piedras verdes en la casa de la noche,
déjate caer y doler, mi vida…
—Árbol de Diana, Alejandra Pizanrik
“Inestabilidad emocional, pensamiento extremadamente polarizado y dicotómico, impulsividad y relaciones interpersonales caóticas”, son parte de las manifestaciones del trastorno límite de la personalidad según el Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (DSM por sus siglas en inglés).
La locura y sus diferentes manifestaciones no son un asunto que pueda tomarse a la ligera. Quienes sufren de TLP, presentan comportamientos autodestructivos y este desorden puede llevarlos al suicidio.

Sin embargo, la sensibilidad atribuida al género femenino, ha hecho que por siglos se les suponga como “desequilibradas” sólo por el hecho de ser mujeres. Más allá de una prescripción psicológica, ésta etiqueta es una forma de desacreditación sobre su manera de sentir y de pensar.
“Las mujeres están locas” se ha vuelto una sentencia que se ha adoptado con cierta gracia incluso por el género femenino. Nuestros vaivenes emocionales, la confusión que sentimos ante el mundo, los cambios de opinión que tenemos sobre cualquier asunto, no valida un encasillamiento de esa magnitud.

Aquí te presentamos algunos poemas de mujeres pertenecientes a diversos tiempos y lugares. Todas ellas con una creatividad y sensibilidad excepcional.
Sylvia Plath
“Solterona”
Esta chica de quien hablamos
en un paseo de abril ceremonioso
con su último pretendiente
súbitamente se asombró muchísimo
del charlar de los pájaros
y las hojas caídas.
Así, afligida, ella
vio que los ademanes de su amante
agitaban el aire y se irritó
entre el caos de flores y de helechos
acres. Juzgó los pétalos
confusos, la estación ajada.
¡Cómo deseó el invierno!
Austeramente, en orden minucioso
de blanco y negro
de hielo y roca, todo deslindado,
de corazón a fría disciplina
sometió, exacto cual copo de nieve.
Pero he aquí: un capullo
de sus cinco sentidos de gran dama
una grosera confusión deduce:
traición intolerable. Que el idiota
se rinda al caos de la primavera:
prefirió retirarse.
Y rodeó su casa
de alambradas y muros impasables
contra el tiempo rebelde
tanto que nadie lo rompiera
con maldiciones, puños, amenazas,
ni con amor tampoco.

–
Alejandra Pizarnik
“Cantora nocturna”
La que murió de su vestido azul está cantando.
Canta imbuida de muerte al sol de su ebriedad.
Adentro de su canción hay un vestido azul, hay
un caballo blanco, hay un corazón verde tatuado
con los ecos de los latidos de su corazón
muerto.
Expuesta a todas las perdiciones, ella
canta junto a una niña extraviada que es ella:
su amuleto de la buena suerte. Y a pesar de la
niebla verde en los labios y del frío gris en los
ojos, su voz corroe la distancia que se abre entre
la sed y la mano que busca el vaso.
Ella canta.
–
Andraa Suau
“Casey Jenkins”
Teje una bufanda con su vulva
quiere que las
vaginas no asusten
que se vean como una parte del cuerpo más
pero nooooooooo
¡éscandalo escándalo!
cálmense señores y señoras
niños y niñas
mírenla
es una vagina común
no va a salir corriendo
a hacerte picadillo
sólo hay un ovillo de lana
en su interior
dentro está caliente
y poco a poco debe salir
para que el mundo lo vea
se va formando como una tela
de araña sangrante
el proceso es cálido y aburrido
pero de nuevo
¡oh nooooooooo
tápate los ojos
eww qué asco
no mires
no mires
no lo hagas en serio
hay una vulva tejedora a un metro de ti!
tranquilidad, por favor
que no duele
que es una zona realmente fuerte
que de ahí nacen los bebés
que de ahí salieron vuestros cuerpos.

–
Alfonsina Storni
“Frente al mar”
Oh mar, enorme mar, corazón fiero
De ritmo desigual, corazón malo,
Yo soy más blanda que ese pobre palo
Que se pudre en tus ondas prisionero.
Oh mar, dame tu cólera tremenda,
Yo me pasé la vida perdonando,
Porque entendía, mar, yo me fui dando:
«Piedad, piedad para el que más ofenda».
Vulgaridad, vulgaridad me acosa.
Ah, me han comprado la ciudad y el hombre.
Hazme tener tu cólera sin nombre:
Ya me fatiga esta misión de rosa.
¿Ves al vulgar? Ese vulgar me apena,
Me falta el aire y donde falta quedo,
Quisiera no entender, pero no puedo:
Es la vulgaridad que me envenena.
Me empobrecí porque entender abruma,
Me empobrecí porque entender sofoca,
¡Bendecida la fuerza de la roca!
Yo tengo el corazón como la espuma.
Mar, yo soñaba ser como tú eres,
Allá en las tardes que la vida mía
Bajo las horas cálidas se abría…
Ah, yo soñaba ser como tú eres.
Mírame aquí, pequeña, miserable,
Todo dolor me vence, todo sueño;
Mar, dame, dame el inefable empeño
De tornarme soberbia, inalcanzable.
Dame tu sal, tu yodo, tu fiereza.
¡Aire de mar!… ¡Oh, tempestad! ¡Oh enojo!
Desdichada de mí, soy un abrojo,
Y muero, mar, sucumbo en mi pobreza.
Y el alma mía es como el mar, es eso,
Ah, la ciudad la pudre y la equivoca;
Pequeña vida que dolor provoca,
¡Que pueda libertarme de su peso!
Vuele mi empeño, mi esperanza vuele…
La vida mía debió ser horrible,
Debió ser una arteria incontenible
Y apenas es cicatriz que siempre duele.

Brillantes, caóticas, contrastantes, confusas, seguras. La sola locura no bastaría para dar cuenta de la creación de estas y muchas otras mujeres escritoras. Desde una óptica personal, dibujan una visión del mundo con una sensibilidad particular, llena de matices y una profundidad abismal. Desde distintas coordenadas espaciales y temporales, nos muestran que no, las mujeres no estamos locas. Sólo hace falta un poco de cordura para descifrarnos.
**
Acá podrás conocer las dolorosas cartas de Sylvia Plath y si quieres conocer frases de poetas, no puedes perderte estas para conquistar.
*
Referencias
Trastorno Límite

