
Cuando la última llama se extinga
mi vida se irá con ella
bebiéndome el silencio
sentado junto a las estrellas;
lluvia de ángeles explotando
sus rostros en la nada
un repique ensombrecido
y amargas visiones que se tornan en palabras.
Escondidos en las entrañas de la tierra
no serán suficientes las disculpas
cuando el dedo de Dios descargue su furia en ella,
aleteos de mariposas
derrumban muros de cristal,
gritos y pétalos de rosas que cubren nuestro mar.
Cavamos nuestras fosas,
lapidamos nuestro destino,
el mar se acrecienta de riquezas
mal habidas y hechizos.
La cacería ha empezado en un suelo
que no reverdece y de alimento escaso
las estatuas caerán donde alguna
vez hubo polvo nadie lo recordará,
y donde algún día caminamos
alguien más gobernará.
La cacería ha empezado
es el humano huyendo de su condición.
El ser humano.
