Es probable que alguna vez también hayas sentido esa urgencia de estrellar tu cuerpo con el de tu pareja, como se narra en el siguiente poema:
Si hubiera alguna forma de describirte
sería escribiéndote
pensando en todo aquello que no hemos visto juntos
las hojas que caen en tu país
la lluvia que besa las calles del mío
todas las playas que abrazan a tus ojos
toda la arena que compone tu cuerpo
los caminos que me lleven a ti
que aún no hemos recorrido.

Si hubiera una forma de decirte lo que siento cuando te veo en una fotografía
estaría siendo egoísta con las demás mujeres
¿pero a mí qué me importan?
Quiero bailar y quedarme cuando la noche se acabe
y que tú te quedes
con tu cabello corto o largo
con esa inteligencia de ser tú
y yo no he de equivocarme cuando te pienso.
Te espero y con las ganas de verte me he quedado ciego
y tú vuelas
con la ternura envuelta en tus pasos
con tu independencia y ese apego mío al quererte mía
y yo me quedo
te dejo libre
y te escucho cuando hablas de tus ideas
y que no todas ellas te hacen feliz
pero sonríes
y yo quiero verte
compartir contigo
encontrar aquello que te mata
y ser yo
despertarme en tus sueños
y recorrer tu cuerpo como si fuera el mundo
porque es el mundo
pero sólo te imagino
loca y con esas ganas de ver la playa

para soltarle el cabello y acostarte en la cama
y caminar de nuevo
y yo contigo
y caminar juntos
y tú conmigo
quiero saber que amas en otros lugares
pero con el mismo cuerpo
con el corazón
y que estoy aquí para conocerte
para que me empapes el alma
con tu lengua
y besarte los dientes
y entonces tú vienes
y aquí la historia comienza.
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Cuando los cuerpos se une en una danza infinita sucede que: “dos veces me perdí gloriosamente en la cima de tu cuerpo”.
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Las fotografías que acompañan al texto pertenecen a Benjamin Patch.
