Hija del bar, cuna de nicotina,
bautizada en vodka con limón,
el Kama Sutra su universidad,
ella, la Ramera de la Soledad.
Su nombre se le ha olvidado
en la primera peluca que usó,
el canto le quedó amargado
por el orgasmo que se le fugó.
Eres Ramera, con labial de fuego,
y en la llamarada intensa de tu sexo
incendiaste las ansias de los infieles,
quemando tu cuerpo con el tiempo.
Cuántos olores ya han bostezado
como pequeños bebés en tu cama,
mientras las tetas que ellos usaron
se volvieron cáncer alguna mañana.
Ofreciste mil polvos de medianoche
y mil lunas has perdido, Ramera,
porque entre aquellos papeles verdes
jamás pudiste encontrar al amor.
La maldita niñez de tu divino encanto
la devolviste justamente con el cambio
y tus besos nunca encontraron otros labios
que te hicieran sentir mujer de verdad
Mírate, princesa, ya te has vuelto nada,
porque estás tan vieja, Ramera de la Soledad.

