La poeta Romina Cazón nos muestra cómo es que nos hemos alejado de lo palpable…
Soy poeta,
pero doy clases de informática.
Soy poeta,
pero arreglo computadoras.
Soy poeta,
pero me dedico a las herramientas de corte de carburo.
Soy poeta,
pero asesoro a empresas aeronáuticas.
Soy poeta,
pero tres horas diarias vendo seguros de vida.
Soy poeta,
es un decir nada más.
Estaba bromeando, tenía ganas de jugar.

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Las clases de informática son aburridas. Enter
Las clases deberían enseñar cómo buscar las mejores películas porno y lencería barata. Enter
Los jóvenes deberían saber que el sexo
nunca pasará de moda como el smartphone, la aplicación o
el sistema operativo. Enter

*
Las clases de informática deberían abrir otras ventanas además de la ventana, además de esa ventana y esa otra ventana.
La ventana no debería sólo ventana.
La ventana no debería verse como ventana.
La ventana no tendría que ser una ventana.

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Si no soy humano
puedo ser un número
puedo ser un signo
puedo ser un pixel
puedo ser un byte
puedo ser un código
mientras duermo,
orino
y hago el amor
en una cama rústica
y en un colchón de marca
frente a un televisor moderno
con wifi y la ultra definición de imagen
Si no soy humano
puedo fingir que lo soy:
pagar los impuestos,
el seguro del coche,
ir al mercado.
Tener mascotas
y jugar
y llorar
y vivir en una url
en un sitio
en un clic
tan sólo un clic
lejano
pero inmediato.

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Las nuevas tecnologías provoca que ya no interacuemos de manera normal con las personas, pues resulta más fácil enviar un mensaje que llamarle… a tal punto que puede causarnos la locura, como se narra en el poema “Yo no nací loca, culpo al mundo y al Internet”.
