Muchas veces es en la soledad cuando nos podemos sentir seguros y ser como somos:
Desde temprano se levanta,
no puede dormir,
no puede vivir,
a su realidad no despierta.
Busca ser bueno en el trabajo,
atareado, su cabeza de arriba y abajo,
el tiempo del reloj perdido
de sentimientos muriendo.
Camina pensando en ser mejor.
Pero la verdad tiene horror.
Se cree solitario,
vive en su cuarto encerrado.
Anhelando el vacío,
a su familia olvidando.

Desde temprano se levanta,
la rutina lo aplasta.
El corazón pide descanso
y el frío no hace caso.
Pasa en las calles
sonriendo a los pasantes,
finge que todo está normal,
finge que todo es igual.
Quiere ser de piedra,
un corazón de hierro,
alguien que no sintiera
lo que él creó.
Ahí está otro hombre,
de la ciudad en medio,
de la muchedumbre.
Ahí está otro hombre
de la muchedumbre
en la ciudad ciega
donde su tristeza carga.
Se pregunta en muchas ocasiones
¿Por qué sufre aquellas desventuras?
La contestación la conoce.
Entre las personas
camina sin parar
trabaja sin descansar.

Un hombre más
del conglomerado,
un hombre más
de la ciudad.
Un hombre más
sufriendo soledad.
Nunca despierta,
es solo,
un alma rota,
es solo,
un niño llorando,
es solo,
un inocente sufriendo.
Nunca despierta,
nunca vive…
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Algunas veces nos sentimos nostálgicos por aquello que terminó o no fue, por eso estos poemas son para las noches cuando te sientas sola, decepcionada y herida.
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Las fotografías que acompañan al texto pertenecen a Mauricio F. Corridan.
