Me vi a mí misma sentada en la bifurcación de ese árbol de higos, muriéndome de hambre sólo porque no podía decidir cuál de los higos escoger. Quería todos y cada uno de ellos, pero elegir uno significaba perder el resto, y, mientras yo estaba allí sentada, incapaz de decidirme, los higos empezaron a arrugarse y a tornarse negros y, uno por uno, cayeron al suelo, a mis pies.
– Sylvia Plath
El 14 de enero de 1963 Sylvia Plath publica La campana de cristal bajo el seudónimo de Victoria Lucas, esta novela narra la juventud de Esther Greenwood, una chica de Boston que se muda a la Gran Manzana tras ser becada para escribir en una famosa revista de moda. Poco a poco el sueño de “cualquier” adolescente se torna en una pesadilla sin salida para Esther, al darse cuenta de que se encuentra perdida, sin saber cuál rumbo tomar mientras la depresión penetra poco a poco en su mente susurrando el deseo de suicidio como la única escapatoria ante el laberinto de malas decisiones en el cual no para de dar vueltas sin hallar una dirección hacia la felicidad.
Esther Greenwood no sabe quién es, qué quiere, ni cómo elegir. ¿Cómo estar segura de cuál higo tomar cuando existen tantas posibilidades? Dulces, amargos, agridulces, sin margen de error ni tiempo suficiente para probar cada uno. Una de las crisis existenciales más crudas de la vida es cuando pasan los años y nos damos cuenta de que no hemos hecho la elección perfecta, así le sucede a nuestra protagonista, quien no sabe si su carrera será suficiente para ella, o si el matrimonio y el tener una familia, más allá de ser obligaciones sociales, responden realmente a su voluntad.

Los pensamientos de Greenwood son los cuestionamientos diarios de Plath; el dolor y la impotencia de su personaje son en realidad las confesiones de su mente. Lo demostraría tan sólo un mes más tarde cuando la presión de su carácter perfeccionista insatisfecho y la infidelidad del amor de su vida conspiraron en los deseos de la autora aquella mañana en la que metió su cabeza al horno y confió en el gas como aliado para arrebatarle la vida y obtener a cambio la gloria de una muerte perfecta.

Los poemas de Sylvia Plath son una crónica de cómo poco a poco fue aplastada por un torbellino angustiante de pensamientos que taladraban su mente y sólo pudieron ser sofocados por el gas. Vivió en un contexto en el cual el papel de la mujer en la sociedad aún se debatía entre las ideas feministas que comenzaban a hacerse escuchar y el rol de una sociedad conservadora que asumía que ser madre y esposa eran sinónimo de éxito y autorrealización; encontrarse frente a tales expectativas conlleva, incluso en la actualidad, una presión para los espíritus libres en busca de una identidad propia.
Si bien el trastorno bipolar condenó sus decisiones e intentos fallidos de suicidio, la depresión que la llevó a la muerte se atribuye a la infidelidad de su esposo -el poeta Ted Hughes-, hecho que provocó un vacío que nunca pudo reparar.
Plath escribió su viaje introspectivo, donde se revela la dura crítica que proyectó hacia sí misma, la pulsión de muerte presente desde que perdió a su padre y los intentos de suicidio que la convirtieron en una experta en morir. Te presentamos tres de sus obras que demuestran su capacidad para desnudarse ante las letras, para que conozcas el interior de una mujer condenada, como ella misma la describió, a la silla eléctrica de la poesía.
“Soy vertical”
Pero preferiría ser horizontal.
No soy un árbol con mis raíces en la tierra
absorbiendo minerales y amor maternal
para que cada marzo pueda convertirme en las hojas,
ni tampoco encarno la belleza de un jardín
espectacularmente pintado
ignorando que pronto debo perder mis pétalos.
Comparado conmigo, un árbol es inmortal
mientras que una flor no es alta, pero si más asombrosa,
y quiero la longevidad de uno y el coraje de la otra.
Esta noche, bajo la luz infinitesimal de las estrellas,
los árboles y las flores han derramado sus frescos aromas.
Camino entre ellos, pero ninguno se da cuenta.
A veces pienso que cuando estoy durmiendo
me debo parecer a ellos a la perfección,
desvanecidos ya los pensamientos.
Para mí es más natural así, acostada.
Así es como el cielo y yo conversamos,
y he de ser útil cuando yazca finalmente:
por una vez entonces los árboles podrán tocarme, y
las flores tendrán tiempo para mí.

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“Canción de amor de la joven loca”
Cierro los ojos y el mundo muere;
Levanto los párpados y nace todo nuevamente.
(Creo que te inventé en mi mente).
Las estrellas salen valseando en azul y rojo,
Sin sentir galopa la negrura:
Cierro los ojos y el mundo muere.
Soñé que me hechizabas en la cama
Cantabas el sonido de la luna, me besabas locamente.
(Creo que te inventé en mi mente).
Dios cae del cielo, las llamas del infierno se debilitan:
Escapan serafines y soldados de Satán:
Cierro los ojos y el mundo muere.
Imaginé que volverías como dijiste,
Pero crecí y olvidé tu nombre.
(Creo que te inventé en mi mente).
Debí haber amado al pájaro de trueno, no a ti;
Al menos cuando la primavera llega ruge nuevamente.
Cierro los ojos y el mundo muere.
(Creo que te inventé en mi mente).

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“Lady Lazarus”
Lo he vuelto a hacer.
Lo consigo una vez cada diez años
Una especie de milagro andante, mi piel
resplandece como la pantalla de una lámpara nazi
Mi pie derecho
Un pisapapeles
Mi cara sin rasgos, excelente
Lino judío.
Retira la venda
Oh enemigo mío
¿Te doy miedo?
La nariz, la cuenca de los ojos, la dentadura completa
El corrosivo aliento
Desaparecerá en un día
Pronto, pronto la carne
que la fosa consumió,
estará en mí como en su hogar.
Y yo seré una mujer sonriente
Sólo tengo treinta
Y como el gato tengo nueve muertes
Esta es el número tres
Qué manera de tirar a la basura
Cada década.
Qué infinitos hilos
La multitud ruidosa
Se empuja para verlos
Me desenvuelven manos y pies
El gran streptease.
Señoras y señores
Estas son mis manos
Mis rodillas
Puedo ser piel y huesos
De cualquier manera soy la misma, idéntica mujer
La primera vez que me pasó tenía diez años
Fue un accidente
La segunda vez intenté
Llegar hasta el final y no volver más.
Me encerré
Como una concha de mar.
Ellos tuvieron que llamar y llamar
Y sacarme los gusanos como perlas pegajosas.
Morir
Es un arte, como todo lo demás,
Yo lo hago excepcionalmente bien.
Lo hago de tal manera que parece un infierno
Lo hago de tal manera que parece real
Supongo que diréis que tengo un don
Es tan fácil hacerlo en una celda
Es tan fácil hacerlo y quedarse inmóvil
Es la teatral
Reparación en pleno día
En el mismo lugar, la misma cara, el mismo grito brutal y
Y asombrado:
¡Un milagro!
Eso me deja noqueada
Hay que pagar
Por ver mis cicatrices, hay que pagar
Por oír mi corazón-
Que realmente funciona.
Y hay que pagar, hay que pagar mucho,
Por una palabra o un roce
O un poco de sangre
O un mechón de pelo o ropa.
Así que, Herr Doctor
Así que, Herr Enemigo
Soy tu obra,
Soy tu valiosa,
La chica de oro
Que se disuelve con un alarido.
Giro y ardo.
No pienses que subestimo tu gran preocupación.
Ceniza, ceniza-
Tu atizas y remueves.
Carne, hueso, no hay nada aquí-
Una pastilla de jabón,
Un anillo de matrimonio,
Un empaste de oro.
Herr Dios, herr Lucifer
Cuidado
Cuidado
Resucito de las cenizas
Con mi pelo rojo
Y me como a los hombres como aire.

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Las letras de Plath describen el infierno causado por la búsqueda frenética hasta hallar una salida para su depresión. Sólo aprendiendo a morir la poeta combatió aquellas ganas de arrancarse poco a poco cada parte del rostro para ser distinta, para ser perfecta.

Inspirados en la vida, obra y letras de Sylvia Plath, Caracola Producciones presenta Lady Lazarus, una obra que combina teatro en miniatura, teatro de sombras, títeres de manipulación directa y la extraordinaria interpretación de cuatro actores a partir de la novela La campana de cristal y el poema “Lady Lazarus”.


No te pierdas la nueva temporada de Lady Lazarus dirigida por Gina Botello, una de las artistas seleccionadas por Cultura Colectiva, con las actuaciones de Abigail Espíndola, María Fernanda Galván, Talía Yael y Héctor Sandoval, con la adaptación de Carlos Azar. Asiste los días 17, 24 y 31 de agosto a las 20:00 h en el Teatro La Capilla ubicado en Calle Madrid #13, Del Carmen, Coyoacán. Entrada general: $200.00.

Más información:
Caracola Producciones
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