El amor es el sentimiento más inexplicable y más violento que nos arranca todo cuando se va:
Tengo que admitir que me estás costando.
Me estás costando el tiempo,
el hambre, la salud, la mente, y
estoy pagando mi falta,
la pago con desvelos, enojos y celos,
pobre hígado mío, sufre por nosotros…
Los pulmones no saben qué se hace con el nuevo aire que les toca respirar…
Estoy pagando haberte querido y haberte tenido
Lo pago, a veces, con suspiros, a veces con lágrimas, a veces, con descuidos.
Mis escritos también sufren.
Sufren conmigo,
sufren por el absurdo que éramos tú y yo.

Mis poemas son más tristes, necesitan un abrazo… O tal vez paroxetina
—como para ser leídos en invierno—.
Mis poemas necesitan
un beso que los sane,
un helado que consuele,
un chocolate que aliente,
un café que escuche.
Porque
no sé qué escribir.
Me estás costando las ideas,
que ahora dispersas y revueltas,
no sé quieren acomodar en el papel.
Las palabras sólo vuelan,
babosadas incompletas, sin sentido y sin…
Ah, sí, sin final.

Como una tonta enojada,
pérdida, descontrolada,
intranquila y atolondrada,
repitiendo la misma lección, una y otra vez, hasta que se quede grabado en mi ser.
Aprendiendo, no comprendiendo
–como la educación en el país–.
Te estoy borrando de mi vida,
como se borra una falta de ortografía,
con pena por haberla cometido.
Te estoy borrando de una vez,
aunque se rompa el papel de mi vida,
aunque mis poemas pierdan palabras,
aunque mis pulmones se ahoguen con tanta libertad…
Te estoy borrando de mi vida.
Hoy, un día cualquier,
ni mañana ni el siguiente,
hoy es el día en que te he borrado de mi vida.
Será el día que arregle
la peor de mis faltas de ortografía.

**
Recorrer las calles en soledad nos recuerda a la persona que amamos o dejamos de amar… “Me voy por las calles pensando en ti para soñarte con los ojos abiertos”, dice un bello poema.
**
Las fotografías que acompañan al texto pertenecen a Jesse Herzog.
