Leerlo con la canción de: Iron and Wine – “Upward Over the Mountain”
Es un regalo que está
en una silla, que a veces miro
cruzando el salón.
Mira el sol mirándolo
desde cerca, como un girasol
flotando en el viento.

Mira él saliendo de tu cabeza,
como tallos esbeltos y suaves,
como un ir y venir de lluvia.
Cabello de lluvia fresca.
Míralo yendo y viniendo
con el viento y el cielo.
De seguro es rebelde por las mañanas,
hay nudos pequeñitos al amanecer de tu cama
y se levanta para ser cepillado por tus brazos
blancos chocolate con puntos de fresa.
Son caminos que al tomarlos son diferentes,
son hilos de cielos amarillos de atardecer
en montañas.
Quizá sean delgados lazos de maíz,
o pétalos de mil tulipanes amarillos
cortados con el agua de un arroyo entre piedras.
Quizá también lo visitan colibríes
multicolores, que se mezclan con el tornasol
de las hebras de miel que son tus cabellos.
Es de repente un universo,
hilos de luz que se despliegan
desde una estrella.
Y se caen como las estrellas
en los charcos por las noches.
Y quizá crezcan sueños y risas allí,
junto con los ojos tiernos que lo miran.
Y será algo suave que recordar,
flores que cantan al cielo
y tallos que rezan al mar,
mientras brilla como nunca.
(Y no se trata de mirarlo por gusto,
ni de ser siempre fan de él,
no se trata de que sea el sol
ni la última ave de las montañas al mismo tiempo;
si no se requiebra con el toque de una pluma,
con certeza, voluntad y respeto, que no se alabe
el tesoro que tiene)
Y no es de aquí, no es de tierra,
es de mar, compuesto por flores y corales.
Tal vez sea de sirena.
Y en algo más simple:
algo único que se recuerda,
como cuando uno siente, mirando
a través de una ventana abierta.
-Nos vemos luego, mañana o los próximos años. Te espero en las clases o en otros lugares. Gracias Liz-
